(Ricardo Mansoler)
María Amelia vive,
me escribe María Amelia
desde mi mano izquierda.
Escribimos sobre María Amelia
con María Amelia:
No está muerto quien escribe.
¿Escribir es vivir?
Tal vez no, pero es la función vital
de una lapicera (en este caso, un
bolígrafo descartable de procedencia
china) y que creía extinta.
Tengo varias iguales, pero sólo
ésta tiene nombre: María Amelia.
No suelo poner nombre a lapiceras
ni a otros objetos inanimados, que son
tantos… Pero ella lo tenía, prolijamente
adherido a su cuerpo estilizado, cuando
la encontré en la calle, en la vereda de
un chino. (Un bolígrafo chino, frente a
un comercio chino, no significa que su
dueña fuera, también, china)
Nunca sabré quien es la dueña
de María Amelia,
la verdadera María Amelia,
que tuvo la precaución de etiquetar
su lapicera descartable para no perderla:
Una tendencia de estos tiempos,
cada vez más nos aferramos a lo
descartable, y etiquetamos para ser
etiquetados.
La grafía cursiva, algo infantil, cuidada y
armoniosa, podría ser de una maestra, de
una profesora de solfeo, o de una alumna.
(María Amelia no parece un nombre de
alguien joven, las Amelias florecían hace
varias décadas: pienso en Amelia Bence,
y otras Amelias que conocí)
María Amelia, a quien nunca conoceré,
habrá aprendido, tal vez, que las precauciones
suelen ser inútiles, todo tiende a perderse,
más allá de la voluntad y sus recaudos.
Escrita o no, la ley se verifica
minuciosamente, y oponer resistencia
el perder el tiempo: La pérdida natural
de todo, rige la vida de los organismos,
incluso de los más altamente organizados
y los que desarrollan el sentido de propiedad.
María Amelia, habrá olvidado a María Amelia,
pienso y escribo con ella. Es probable que
haya descartado otras María Amelia después
de la que escribe ahora, estas que pueden ser
sus últimas palabras.
Nunca sabrá, María Amelia, que alguien
la encontró, y que escribió con ella
un poema descartable, como ella,
que se llama María Amelia.
/ inédito
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