(Estanislao del Signo)
Abandoné mi Fal
sobre la alfalfa, después de
santiguarme ante la sangre
por las dudas: hay que dudar
ante la sangre derramada
u obtenida por medios naturales
(Para saber, primero hay que dudar,
después verificar: hay sangres de
diversa procedencia y consistencia,
y consistencias dudosas -hay una
proporción normal de duda en sangre)
Busqué entre mis vínculos,
busqué mis lentes entre mis bártulos
para acceder a la verdad y extraer
información precisa. Verificar
posibles lazos de sangre entre la
presunta sangre encontrada, y la
reconocida oficialmente como
auténtica.
Era una mancha más,
podría ser de cualquier otro animal,
incluso de un chacal
o de un zorzal herido,
de un predador perdido o de un
pecador predado o bien, la huella
de un gato alfa
que combatió en la alfalfa…
Pensé en el alfalfar y en el falocentrismo
junto a mi Fal y mi fiel flete:
Cuervo, ahora en posición fecal. Siempre
dispuesto a defender la posición.
Pensé y repasé la situación.
Pensé en las opciones posibles.
Pensé: Todo lo pensable, es también
posible, sin descartar tampoco
que fuera sólo sangre artificial
(a sabiendas de la tecnología disponible)
No hay que descartar nada,
me dije y lo agendé
en mi diario íntimo y portátil, que siempre
tengo a mano, entre otras cosas inútiles
cargadas en mi equipo aligerado.
Nunca hay que descartar nada:
Un verdadero desertor, debe ser precavido
y cauteloso; hay trampas por doquier, nadie
sabe en que rincón…
El mundo está plagado de falsos desertores.
Encaramé la mira al horizonte,
miré a mi flete fiel que apuraba su alfalfa,
y lo animé a subordinarse con valor viril
mientras montábalo, en un movimiento
mínimo y esdrújulo:
¡Vámonos, Cuervo, estoy aburrido!
Es la hora de partir, abandonemos:
Debo ir al monte a desmontar
antes que sea temprano.
Hay mucho por deshacer,
desmalezar, discontinuar, etcétera.
¡Vámonos, Cuervo, a fecundar
lo que sea!
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