(Ricardo Mansoler)
¿Qué sabemos de insectos?
Algo sabemos, no mucho:
Son muchos y pequeños, algunos
viven días, horas, lo suficiente
para reproducirse y ser muchos.
En suma, son muchos como para
conocerlos mejor, tienen formas
y diseños muy variados y sólo
algunos nos resultan familiares;
muy pocos amigables.
Sabemos que en su conjunto, pesan
bastante más que nosotros: su lugar
en la biomasa, es mucho más significativo
que el nuestro y que el de los otros animales.
Sabemos más bien poco, aunque entendemos
que son necesarios. Nuestra vida en el planeta
no sería posible sin ellos, que sin embargo,
no parecen necesitarnos.
II
Sabemos de su condición efímera, que los
ubica en un plano bastante inferior:
¿Qué se puede hacer en un día, en dos, o
en cuatro días locos?
¿Qué labrar, qué esperar, a qué aspirar,
en qué invertir?
No conocemos nada en cuanto a la intensidad
de esas vidas descartables, pero sin duda, para
aprovechar ese segmento de tiempo tan fugaz,
habrá que ser intenso y competitivo.
Sabemos que es raro que nos ataquen, salvo
los hematófagos, como el mosquito, que
puede transmitir enfermedades, lo que los
hace peligrosos.
A veces, algunos asumen la condición de plaga,
afectando el desarrollo natural y normal de
nuestra vida. Cuando ésto ocurre, como es natural,
las autoridades toman medidas para controlar su
expansión y que la vida vuelva a la normalidad.
III
Es precisamente su cantidad y diversidad, algo que
les juega en contra en relación con nosotros:
No sólo por la dificultad para conocerlos mejor y
estrechar vínculos, sino que por el instinto de
conservación, es natural que ante el peligro de
lo desconocido obremos los mecanismos para
deshacernos de esa presencia inquietante e
invasiva, de un modo fehaciente y con cualquier
objeto que tengamos a mano.
La convivencia tiene sus bemoles, no es fácil.
Ellos, siendo mucho más antiguos que nosotros,
ya deberían haberlo aprendido.
No hay que descartar que esa dificultad de
aprendizaje, sea producto de lo acotado de sus
vidas y la consecuente falta de tiempo para
acumular información y transmitir conocimiento
a su descendencia: en tan poco tiempo, tienen
que ocuparse de su metabolismo, de escapar de
sus predadores y reproducirse en término.
IV
Sabemos pòco de los insectos, pero para ser justos
y ecuánimes hay que decir, que así como nos son
molestas sus picaduras, suciedades, o que nos
coman nuestras plantas, ropa y hasta nuestra propia
comida, también tienen su lado bueno:
Algunos son útiles al comerse a otros insectos
más indeseables, y además, no se puede soslayar
el hecho de que uno de nuestros autores más
conspicuos y valorados por la crítica y la historia,
cobró celebridad gracias a una novela memorable
protagonizada por una cucaracha.
No más preguntas.
¿Qué sabemos de insectos?
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