miércoles, 18 de mayo de 2022

La aventura del conocimiento

 

(Amílcar Ámbanos) 


Se cree que con el desarrollo de los nuevos

recursos tecnológicos, cada vez cobra un papel

más importante la producción de conocimiento.


Y cada vez dependemos más de la tecnología…

El conocimiento es un camino sin retorno.

Las personas que saben más de lo normal, suelen

ser taciturnas y pesimistas.

Y de ahí no se vuelve, se lo dice un ignorante

reconocido.


¿Reconocido?


Sí, ignorantes hay muchos, pero pocos nos

reconocemos, no es bien visto.


Hay que ser muy humilde y sensato…


No sé, la sensatez y la humildad suelen ir juntas,

pero yo no soy humilde, solo ignorante. No creo

que todos los ignorantes seamos humildes, ni

todos los humildes ignorantes.


¿No quisiera salir de la ignorancia?


No, el conocimiento es un camino sin retorno.

No me avergüenzo, ni estoy resignado ni soy

humilde. Yo elijo mi ignorancia, y la disfruto

sin culpa: Sé lo que ignoro.


Suena extraño, casi como una contradicción…


La contradicción está en querer saber más

de lo necesario. No seamos necios, hay cosas

que nadie desea saber. ¿Quiere conocer la muerte?

¿Desearía saber cuando va a morir?


No sé, no lo había pensado, supongo que no. Pero

no es algo que pueda saberse, en general,

a diferencia de otras cosas.


¿Cuántas cosas? Hay suficiente conocimiento

disponible como para acumular y morir repleto

de saberes… ¿Adónde va a parar eso? Le cuento:

A los gusanos, en el mejor de los casos; ellos

saben aprovechar la descomposición mejor que

nadie. Se lo dice un ignorante.


No se jacte, tampoco es tan ignorante…

Decía Platón: Existen tres clases de hombres:

amantes de la sabiduría, amantes del honor

y amantes de la ganancia. ¿Cuál sería la suya?


No debo ser un buen amante, no me veo ahí.

Prefiero que se me incluya afuera, aunque no

sea original esta frase, que no me pertenece.


No se puede permanecer siempre afuera de

todo, la vida es un camino sin retorno…


Precisamente, el gusano se arrastra sin saber

hacia donde va el mundo, pero tiene el futuro

asegurado: es una especie muy antigua, no

está en riesgo y no tiene nada que temer.

Es probable que ni sepa que va a morir.

Es probable que no sea menos feliz

que un sabio, un filósofo, o usted.

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