(Dudamel Rambler)
Se acepta todo,
siempre que no interrumpa
el libre fluir de las funciones
excesivas que lo constituyen:
decía el poema cerrado sobre sí
y dispuesto a incorporarse al mundo.
Podemos cerrar los ojos
pero primero habrá que abrirlos.
El mundo está abierto a todos
los metabolismos: nos acepta
como parte de su juego,
abriéndose y cerrándose cual
un esfínter inclusivo y excluyente:
Afuera no hay nada, hay que aceptar.
El poema es un cuerpo extraño
que se adapta, como otros organismos,
para que el mundo lo incorpore a su
metabolismo superior, en un proceso
continuo y tan perfecto como el más
perfecto de los dioses conocidos.
A veces queda algún exceso; otras
lo aprovecha en forma integral
sin dejar residuos.
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