(Aquino Lamas)
En un espejo de agua
el agua se miraba y se
miraba sin reconocerse.
Repetía la operación con
el mismo resultado:
No estoy acá, ni soy lo que veo,
Vacilaba como reflejo y vacilaba
como sujeto, en todas las direcciones
líquidas palpables por agua.
(Todo sujeto es en parte reflejable)
No estoy en esta imagen que se
reconoce idéntica a sí misma:
No soy yo: sos vos,
fluyó la voz del agua reflejada;
ambas somos parte del mismo engaño:
Vacilamos sin saciarnos ante esta sed
que se bebe a sí misma.
Yo no bebo, dijo el agua:
No sos vos: soy yo, completó la voz.
El agua no se reproduce
aunque vacile o se estanque en una
vacilación sin término. En términos
físicos, todo espejo es un engaño.,
aunque sea líquido como vos.
-Yo no sé…
El agua no tiene por qué saber,
no tiene que saber a nada:
Todo sabor es sospechoso, la adulteración
fluye como el agua.
El agua no se descompone ni se reproduce
(aunque pueda dividirse por descomposición
de sus moléculas) No se multiplica:
La multiplicación por división es ajena
al agua auténtica: una verdad no necesita
multiplicarse ni dividirse, y el agua no es
soluble a la contradicción de otros lenguajes
que fluyen.
Hay que saber para no equivocarse.
El que sabe puede reconocer al agua
por su falta de sabor.
Saber reconocer el engaño es más difícil.
Podemos servir como espejo a otros
engaños, pero el agua no especula,
ni sabe especular, no nos engañemos.
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