(Tomás Lovano)
Dicen que descendemos:
Yo disiento.
Como descendiente disidente
nunca condescendí en forma consciente,
que yo sepa.
Nunca pensé, ni pienso descender
de acá: Mi posición se mantiene
indeclinable.
Descender es fácil, tanto o más
que aceptar el descenso. Nadie
pierde altura sin perder dignidad,
me inclino a creer.
Que los demás desciendan a su antojo,
no me mueve el amperímetro:
Que cada cual se hunda en su perímetro
de baba descendente, con pasión
y consenso recíproco.
No me altera que sigan descendiendo
y busquen descendencia para aliviar
sus próximas decadencias.
Nunca descendí de aquí,
ni fui condescendiente hasta dónde sé.
El costo de la vida subió siempre
sin que sea algo trascendente:
Yo tampoco, pero no por eso voy
a resignarme, reducirme o rebajarme
a la condescendencia servil, abyecta
y vil.
Sólo puedo descender de mi experiencia,
mientras ellos sólo han sabido descender
de la obediencia:
Se deben, y descienden de otras deudas
tan dudosas como su propia historia,
hedionda y ominosa.
¿Descienden en busca de la luz?
No necesitan contar conmigo para continuar
su descenso hasta alcanzar su meta deceptiva.
Este metabolismo disidente
es en absoluto indiferente al sentido de sus
leyes declinantes y al destino de futuras
descendencias.
Como disidente soberano, intrascendente
e indescendiente, esta experiencia es más
que suficiente para avanzar sin contratiempos
en mi poema, subsecuentemente descendente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario