(Amílcar Ámbanos)
Introduce tu clave
en el orificio superior
del cuerpo del poema.
Cuenta los caracteres
y elimina los excesos:
Debes respetar la cifra exacta
para acceder a todos los sentidos
digitales y analógicos que goza
el poema.
El poema siempre goza, aunque
no se los reconozca en ninguno
de sus ùlsos y signos vitales.
Incluso en la lectura parcial del
lector salteado que sólo busca
la satisfacción inmediata.
Hay otras versiones disponibles
del mismo poema entre los orificios
emergentes de ese cuerpo sospechoso
o sus miembros.
Todo goce es sospechoso, en tanto
no apropiable.
El poema permanece mutable, sabe
adaptarse a todas las lecturas y goza,
aún en la vacancia:
Ningún metabolismo le es ajeno, se
ríe de todos sin discriminar: Ahora
lo está haciendo, dando rienda suelta
al estertor desafinado de su risa. Oye
como va.
Se ríe en clave de Fa, pero podría
hacerlo en cualquier otra. Se ríe de
tu clave y de todas las habidas y por
haber.
Dura poco su risa, la vida del poema
es más acotada que la de las palabras,
aunque ambos están compuestos del
mismo polvo enumerable.
Introduce tu clave en el orificio superior
y elimina los excdsos inútiles al polvo.
Ya entraste, ahora puedes sacudirte el
polvo y gozar de todos los sentidos que
dispone el poema.
Sí, podría haber más, depende de cómo
se lea. No lo olvides:
No hay poemas, sino interpretaciones.
Ahora está casi listo para ser olvidado:
Todavía se ríe, no le hagas caso.
No compartas esa risa inopinada.
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