(Wilmar Bordenave)
Trabé una relación asimétrica
con un pez, pequeño y lenguaraz.
No era un lenguado, pero se fue
desarrollando como toda relación
normal.
(La asimétrica es la más normal
entre nosotros y los peces, al igual
que entre nosotros)
Estaba funcionando, nos entendíamos
lo suficiente (no es preciso entenderse
demasiado en estas relaciones para que
funcionen)
Pero alguien nos pescó
en pleno desarrollo y lo malinterpretó:
Pretendía ayudarme a pescarlo y todo
se fue a pique.
Cuando quise darme cuenta, no podía
reaccionar, ya era tarde: Ahora hasta
yo sobraba en relación a esa historia.
No había forma de mantener la asimetría
que nos unía. Dejé que el pez tuviera la
última palabra y me alejé sin culpa.
Sólo me quedó la vergüenza deportiva,
y tampoco era tanta.
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