(Ricardo Mansoler)
En el inicio
el poema es un universo
de posibilidades infinitas.
Todo está contenido ahí,
en el estado latente y la posición
horizontal de la hoja en blanco.
El resto, es trámite y resolución:
sólo una cuestión de tiempo.
El poema se toma un tiempo,
no se precipita porque sí:
Sabe que hasta ahí, tiene todo
por ganar.
Después, no hay garantías, como
en la guerra, el amor u otros
negocios.
Cuando ocurre, es pura ganancia
el poema, aunque no lo sepa. No
tiene por qué saberlo:
Su tiempo es otro, es breve la vida
del poema y puede ser más o menos
intensa. Lo seguro es que es ajena
a la ganancia y a la pérdida.
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