(Armando Labarrera)
Una de las cosas que procuro evitar
en relación al prójimo, es el apretón
de manos, una desagradable costumbre
de estas pampas.
Sé que hay costumbres peores, pero
algunas resultan evitables. En cambio,
esta forma de saludo es casi obligatoria.
No soporto tomar esas manos fláccidas
y blandas como un pescado, que algunos
entregan en prenda de confianza.
Tampoco, esas manazas que estrujan la
mano de uno haciendo crujir sus huesos.
Algunas, además de blandas son frías
como un pescado muerto y hasta húmedas:
Hay quienes transpiran con las manos
como el perro con la lengua, y luego
tiene que uno que portar en la suya
esa excrecencia ajena.
¿No es mejor evitar esa experiencia?
Claro que a veces no se puede: Yo tenía
un amigo así, cada encuentro con él
suponía repetir la experiencia inevitable
de manipular esa humedad.
Por suerte nos dejamos de frecuentar
hace años; en realidad no teníamos
muchas cosas en común, salvo aquella
experiencia compartida del servicio
militar obligatorio en un lugar lejano.
Y que ambos tocábamos la guitarra
(él secaba sus manos previamente)
Era bastante pulcro para tocar, no lo hacía
mal, pero tocaba siempre lo mismo.
En cambio, yo tenia un repertorio que solía
repetir pero no era tan pulcro.
Otra diferencia, es que él cada tanto tenía
que parar a secarse las manos.
Retomando el tema de las manos, hay
algo pero que la forma y la actitud con que s
e extiende: No sabemos qué hizo antes con
ella, por donde se la pasó, qué pudo haber
tocado esa mano antes de entrar en contacto
con la nuestra.
(Incluso, uno mismo puede no ser consciente
en ese momento de lo que hubo tocado)
Sé que otras culturas cultivan hábitos aún
peores, como los rusos que andan a los besos
compartiendo toda clase de microbios sin
necesidad.
Hay que entender lo que significa el saludo,
como un formalismo habitual en nuestras
sociedades humanas civilizadas.
Pero no todas las prácticas establecidas
por el hábito son necesariamente buenas.
No estoy en contra del saludo, y nunca le
negué el saludo a nadie, pero prefiero
mantener una distancia saludable.
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