(Serafín Cuesta)
Ningún parásito está solo
salvo la lombriz solitaria,
una excepción.
No porque no quieran, es
que no saben estar solos.
Nosotros, por el contrario
sí sabemos, pero preferimos
no hacerlo más de lo necesario:
Sabemos que los pueblos
solitarios tienen un futuro incierto
y terminan siendo parasitados por
cualquiera, sin ofrecer resistencia.
Confiamos en que lo más razonable
es convivir con nuestros parásitos;
ya los conocemos.
Es cuestión de alimentarlos
para que crezcan sanos y fuertes
y puedan desarrollar todas sus
capacidades potenciales.
Los conocemos bastante,
y confiamos en su capacidad
de liderazgo y su aptitud para
gobernarnos y defender nuestros
valores.
Ellos nos conocen, y nos valoran
más que nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario