(Senecio Loserman)
Encontré unas ramitas
en un rincón de la ventana,
y sobre ellas unos huevos
de un tamaño interesante.
Me podía servir como pesebre,
pensé: es Nochebuena, pero no
tenía ninguna imagen.
Un pájaro merodeaba, no sé
si era una paloma (no puedo
precisar, mi conocimiento de
aves es limitado) pero se había
equivocado.
Armé una guarnición con restos
que había en la heladera
y resolví la cena.
Dios aprieta pero no ahorca.
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