(Nicasio Uranio)
-Estoy preocupado, Dr.
-¿Tiene algún problema?
-No, yo no, me preocupa mi sapo.
Lo noto raro, no es el de antes.
-Es natural, uno cambia; todos
envejecemos…
-No es eso, físicamente está intacto;
es el mismo de siempre y mantiene
su peso normal.
-¿Un cambio de conducta?
-Sí, tiene una actitud vacilante: Él
no solía vacilar, ahora no para de
hacerlo…
-A ver, tampoco está usted siempre con
él, observándolo como para afirmar que
no para. Él ha de tener su propia vida,
me imagino que goza de cierta libertad…
-Afirmativo, pero su vida no es la misma.
Nunca le hice faltar nada, pero no sé si
goza. Yo dudo, sólo lo veo vacilar, y quien
vacila no goza.
-Eso es una presunción sin fundamento.
Nosotros solemos vacilar, y eso no nos impide
gozar como se debe. ¿Por qué pensar que
ellos no? No somos tan distintos: Mírele las
manos…
-Sí, se nos parecen. Lo conozco bien, llevamos
años de convivencia; por eso me preocupo. Él
no es así, y no sé por qué vacila; su entorno no
cambió, creo…
-Ahí vacila… Es que hay cambios que nos
resultan imperceptibles. Nosotros los naturalizamos
y nos adaptamos con facilidad. Pero un sapo…
-No es un sapo de otro pozo, es mi sapo. Y yo
asumo mi responsabilidad.
-Piense que puede haber vivido un hecho traumático
en algún momento en que estaba fuera de su control.
-No sé, yo trato de controlarlo todo lo que puedo.
Pero no es al único que tengo que controlar: somos
una familia…
-No se reproche, uno hace lo que puede; sólo que a
veces hay cosas que se nos escapan… Es factible que
se nos escape un sapo. Yo creo que pronto volverá todo
a la normalidad. A propósito,
¿Usted sabe dónde está su sapo ahora?
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