(Nicasio Uranio)
En todo berenjenal autóctono
y auténtico, mientras unos se
pierden y dan pena,
otros no se amedrentan,
ni descansan hasta encontrar
la berenjena buena:
No se encandilan con el brillo
de otros frutos, en apariencia
semejantes.
La semejanza es un engaño:
Es fácil permanecer ajeno
y hundirse en un berenjenal
autóctono o dudoso, y hasta
confundir la propia pena
con la de la berenjena buena.
Hay una pena natural, y otra aspiracional:
Hacemos la vista gorda, preferimos
aceptar la realidad del berenjenal y
decir: es todo igual, que aguzar el ojo
y el esfuerzo para hallar la berenjena
buena, aunque nos resulte ajena.
Es penoso: cuando queremos ver,
ya estamos hundidos en el berenjenal
nativo, y para bien o para mal
sólo podemos dar pena (a nuestros
semejantes y sus berenjenas, que no
todas son buenas)
Cuando te encuentres perdido
en un berenjenal, propio o ajeno,
recuerda que la berenjena no es
una especie nativa:
Fue introducida por el conquistador,
junto al caballo, el trigo y esta lengua;
y a cambio se llevó el noble metal
y algunas cosas más.
No está tan mal, si lo pensás:
No teníamos berenjenas, pero
éramos un berenjenal.
No hay salida sin esfuerzo personal
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