(Nicasio Uranio)
Horas lábiles reposan
en la base del fermento
decantándose, que nutre
las visiones trasnochadas de
los débiles de espíritu.
Cae la noche, nunca dejó de caer.
Cae para todos, la noche,
puede caer en saco roto
sin que le importe, ni deje de serle
indiferente.
Entretanto, algún imbécil amanece
y te habla del espíritu, del goce
inmaterial y hasta puede convencerte
de eliminar la carne de tu vida.
La fantasía siempre encuentra dónde
desarrollarse, y la palabra es una fuente
de contagio.
Somos lo que no comemos.
No hay palabras para negociar, aunque
hay otras que no conocemos ni buscamos.
Son parte del mismo sistema, ese otro
metabolismo que no se come:
Nadie desciende del trabajo
de ninguno, pero todos nos reconocemos
descendientes, hasta cierto punto.
Descender es trabajoso, pero no hay
alternativa. La habilidad natural o
adquirida y la voluntad, no cuentan.
Confiamos en dejar alguna descendencia
algo más digna que nosotros:
No se necesita ningún fundamento para
confiar, y ningún motivo para descender.
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