(Nicasio Uranio)
Si has de jurar,
que no sea por tu nombre:
Es tan absurdo como
cualquier otro nombre propio.
No jures en vano.
Jurar por la luz que te alumbra
es vano y es absurdo:
No es de tu propiedad, ninguna
luz te pertenece.
No hay juramento que valga
sin arriesgar algo, algo propio.
Si no tienes nada propio
deberías abstenerte de jurar:
Tu juramento carece de valor,
lo siento. No se puede jurar
por algo ajeno: Es absurdo.
Ni hablar de jurar por Dios:
Él no te pertenece, es lo opuesto,
aunque lo creas y lo ames:
Si lo amas, debes saber que el amor
no implica posesión. No es propiedad,
aunque lo sientas tuyo: El verdadero amor
es ajeno al sentimiento de propiedad.
Y no es menos absurdo que la imagen
de una cruz, o cualquier otra.
No deberías jurar por imágenes, no
tienen más valor que otros objetos
absurdos que pueblan esta realidad.
¿Has jurado una bandera?
No importa tu respuesta: Yo sí,
y te aseguro que es absurdo, tanto
como jurar por un color o un nombre
propio.
Puedes identificarte con cualquier
bandera, hay bastantes; pero ninguna
te pertenece en forma fehaciente.
En rigor, tal vez lo único propio que
posees sea tu alma, algo tan intangible
y dudoso que acaso ni el diablo estuviera
dispuesto a ofrecer algo por ella.
Podrías jurar por tu heladera, tu auto,
tu tarjeta de crédito, según el saldo
o por el móvil que es una prolongación
de tu cuerpo.
Para otras opciones, necesitarías al menos
un garante responsable. Sé responsable:
No jures en vano. Si has de jurar,
que sea por algo más absurdo que todo
lo nombrado, que todo lo nombrable.
De los otros animales conocidos,
ninguno jamás jura. Son responsables:
saben que es absurdo.
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