viernes, 21 de junio de 2024

El juramento hipócrita

 

(Nicasio Uranio)

 

Si has de jurar,

que no sea por tu nombre:

Es tan absurdo como

cualquier otro nombre propio.


No jures en vano.

Jurar por la luz que te alumbra

es vano y es absurdo:


No es de tu propiedad, ninguna

luz te pertenece.


No hay juramento que valga

sin arriesgar algo, algo propio.

Si no tienes nada propio

deberías abstenerte de jurar:


Tu juramento carece de valor,

lo siento. No se puede jurar

por algo ajeno: Es absurdo.


Ni hablar de jurar por Dios:

Él no te pertenece, es lo opuesto,

aunque lo creas y lo ames:


Si lo amas, debes saber que el amor

no implica posesión. No es propiedad,

aunque lo sientas tuyo: El verdadero amor

es ajeno al sentimiento de propiedad.


Y no es menos absurdo que la imagen

de una cruz, o cualquier otra.


No deberías jurar por imágenes, no

tienen más valor que otros objetos

absurdos que pueblan esta realidad.


¿Has jurado una bandera?


No importa tu respuesta: Yo sí,

y te aseguro que es absurdo, tanto

como jurar por un color o un nombre

propio.


Puedes identificarte con cualquier

bandera, hay bastantes; pero ninguna

te pertenece en forma fehaciente.


En rigor, tal vez lo único propio que

posees sea tu alma, algo tan intangible

y dudoso que acaso ni el diablo estuviera

dispuesto a ofrecer algo por ella.


Podrías jurar por tu heladera, tu auto,

tu tarjeta de crédito, según el saldo

o por el móvil que es una prolongación

de tu cuerpo.


Para otras opciones, necesitarías al menos

un garante responsable. Sé responsable:


No jures en vano. Si has de jurar,

que sea por algo más absurdo que todo

lo nombrado, que todo lo nombrable.


De los otros animales conocidos,

ninguno jamás jura. Son responsables:

saben que es absurdo.



 




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