(Amílcar Ámbanos)
Las herramientas tecnológicas.
hoy a disposición de todo, están
cambiándonos la vida, más allá
de sus efectos conocidos en el
dearrollo de la comunicación.
Ha abierto nuevos horizontes en
el quehacer creativo de quienes
trabajan con la palabra:
Ya no se escribe como antes, ni
hay que esperar a publicar un libro
para ser leído.
Los recursos poéticos se ampliaron
y multiplicaron. Algunos poetas ya
los están aprovechando, con éxito.
Los poemas ya no son lo que eran,
aunque aquellos sigan circulando
como testimonio de un pasado que
no volverá.
Con las herramientas incorporadas
por la tecnlología digital, el diseño
ha pasado a ocupar un lugar central
y protagónico en la función poética.
Ya casi no hace falta saber escribir,
basta aprender a usar los dispositivos
y las aplicaciones adecuadas..
Luego, con la asistencia de la I.A,
podemos acceder a los diseños más
avanzados y funcionales.
Hace poco, pude apreciar en mi pantalla
uno de estos poemas de diseño inteligente
que están cambiando, también, nuestra
forma de leerlos:
No era extenso, respondiendo a las necesidades
y valores del presente: Nadie desea demorarse
en lecturas fatigosas, ni verse forzado a pensar
más de lo indispensable.
Usaba distintos caracteres y letras de mayor
o menor tamaño. Lo más interesante, estaba
en la letra chica, aunque costaba leerlo:
Ahí ya había un mensaje: lo bueno, cuesta; de
lo contrario no se valora. Y también un ejemplo
de aprovechamiento semántico del volumen:
En el poema, todo significa y revela, no sólo los
significantes y la forma de encadenarlos: Hasta
los signos de puntuación, o su omisión.
Después, el tamaño de los caracteres se iba
reduciendo, hasta hacerse paácticamente ilegible
e ininteliglble. Como se puede deducir, ahí
estaba lo mejor del poema:
Esa metáfora que no necesita palabras..
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