(Epifanio Webber)
Brindo por la
rotación,
escribía el poeta
derrotado.
(La derrota, es
siempre más
poética que la
victoria: el
fracaso se impone al
éxito
como condición
poética)
Los poetas tienen
los días contados,
escribía el poeta
de la Revolución,
el que le cantaba a
la Revolución
victoriosa.
Los poetas tienen los días contados...
(Una
presunción lógica
y una interpretación
correcta de ese
momento histórico:
La Revolución
triunfante se
expandiría inexorablemente
cambiando el mundo,
y liberando al hombre.
Desterrando para
siempre la lucha de clases,
fuente de todos los
conflictos sociales, y
desactivando los
antagonismos propios de
las relaciones
signadas por el capital.
Un mundo más
humano, sustentado en
lazos de solidaridad
y ayuda mutua; un mundo
de iguales, en
armonía y paz definitivas: Sin
dominadores ni
dominados, sin oprimidos ni
opresores, sin
propiedad privada y sin la violencia
que ella genera: Un
mundo sin tensión a resolver…
Pero la poesía es
tensión, es en esencia subversiva.
¿Qué lugar tendría
el poeta en ese mundo?)
Pero la Revolución
fracasó: Ni los poetas ni los
revolucionarios
pudieron cambiar el mundo; ni
siquiera los poetas
revolucionarios.
Ya no se habla de la
revolución inminente, ni
de la revolución
inmanente, ni de la revolución
permanente: La
revolución es parte del pasado,
el pasado crece, hay
palabras que pierden vigencia
y sólo conservan
algún valor como objetos que
reflejan el pasado.
Todas las palabras provienen
del pasado, y todo
lo que nos pasa es culpa del
pasado. Somos
producto del pasado: siempre
lo fuimos.
Nada es del todo
nuevo, hasta los neologismos
se arman con
material provisto por el pasado.
La “posverdad”
no es ni siquiera un subproducto
del concepto de
verdad: no expresa ni significa nada
que exceda el valor
del fracaso.
Ya pasamos por el
posmodernismo, el posestructuralismo,
el posmarxismo y el
poshumanismo, y se aguarda
por el
posantropocentrismo.
No hay nada nuevo
bajo el sol: antiguo enunciado
del antiguo
testamento que permanece verdadero,
más allá de
absurdos neologismos, de revoluciones
y fracasos, de la
condición histórica y del Sol, cuyas
emisiones nos
permiten vivir y emitir, repetir secuencias
armónicas, recrear
las condiciones de producción de
la vida, conocer el
origen de todo, formular y reformular
teorías y pensar en
revoluciones.
No hay nada nuevo
bajo el sol: podemos repetir
mientras rotamos,
observando el movimiento repetitivo
y repitiendo
órbitas, manteniendo una distancia saludable
mientras el sol se
consume: Sabemos que dependemos
de esa combustión
para ejercer la nuestra, y poder seguir
consumiendo.
Sabemos: Ser es
depender; todo metabolismo depende
de otros y todos
dependen del sol, que también tiene su
vida útil (algún
día colapsará, pero eso no nos afecta:
antes colapsará el
planeta y mucho antes seremos parte
de la historia
cósmica, una parte insignificante
de una historia que
nadie leerá nunca)
Brindo por todo lo deleznable.
Brindo por la
rotación: Otra vuelta.
En un sentido extensivo: brindo por los sentidos
extensivos.
Brindo por las
pasiones reciclables
y por las
revoluciones posibles
o nombrables, soñables, aspirables,
traicionables y
fracasables.
Brindo por todo lo deleznable.
La Revolución dejó
de ser posible:
¿Fracasó?
Un fracaso parcial:
como significante, aún mantiene
actividad; se sigue
hablando de la Revolución Industrial,
la R productiva, la
R ecológica, la R tecnológica, la R
epistemológica y la
Revolución sexual de los jóvenes…
La Revolución es
una forma abrupta de evolución,
un salto cualitativo
que interrumpe una continuidad
de manera violenta
para producir un cambio radical:
No hay revolución
sin violencia.
(Tampoco
metabolismo)
La Revolución
fracasó.
La derrota es
siempre más poética
que la victoria,
pero los poetas revolucionarios
debieron
reconvertirse.
El fracaso histórico
redunda en un
incremento del contenido
poético de la
revolución como significante:
Cantarle a la
Revolución triunfante, como
lo hicieran
Maiacovski, Neruda, González Tuñón
y hasta Borges, no
es algo muy meritorio:
era lo políticamente
correcto.
Bien distinto es
sostener el compromiso
poético con la
revolución que fracasó
(el compromiso con
el fracaso es propio
de la condición
poética)
Pero: ¿La
Revolución fracasó?
¿Cuántas
revoluciones tendrán que fracasar
para que el Hombre
reconozca su fracaso?