(Elpidio Lamela)
El paso a la inmortalidad es sólo
una metáfora, cuyo objeto
es mejorar la tolerancia a la muerte,
algo difícil de aceptar para cualquier
mortal bien nacido.
Las metáforas pueden contener
una verdad parcial, como ésta.
Son objetos ambiguos, que dan lugar
a distintas interpretaciones, a partir
de analogías más o menos verosímiles.
Es parcialmente cierto el paso
a la inmortalidad: No volveremos
a morir, lo que nos convertiría en
inmortales si no estuviésemos muertos.
La realidad es tan ambigua como
las metáforas, por eso algunas perduran
y sobreviven a sus autores.
Sólo los vivos hacemos e intercambiamos
metáforas, cuando no encontramos algo
mejor para hacer o intercambiar.
Gozamos de todas las propiedades
del intercambio, a partir de la propia
condición metabólica a la que todo
debemos.
Las metáforas son objetos aptos
para el intercambio, no hace falta
conocer al autor: Puede que haya
pasado a la inmortalidad y ya no esté
entre nosotros.
¿O sí?