(Emeterio Askman)
El dedo en el ojal
del ángel, royendo
su misal.
El dedo en el ojal,
con su hache mocha
y muda como ojo.
El dedo que acusado
implora al ojo precursor
de pelos y señales,
deidades y dedales.
El ojo solapado de la bala
apuntala aquellos desvíos
peciolados a ambos extremos
del pespunte y sus márgenes
de error.
Cuando el error se dispara
no hay forma de detenerlo,
ni a la bala que lo observa
por el rabillo ojalado.
Cuando el error se repite
suele pasar desapercibido:
La repetición es la mejor
coartada.
El resto es pura deducción:
El dedo es un miembro de la mano,
que a su vez es parte de un miembro
mudo como una hache correctamente
pronunciada.
Humano es poner el hombro
a las haches y el pecho al cuerpo
de las balas.
El ojo percutor sigue la evolución
del proyectil que atraviesa el ojal
y sale ilesa como un ángel.
(Algún día todos seremos reconocidos
miembros plenos y deductibles
como ángeles guardianes unidos
por el canto de baladas como ésta)