(Saverio Langer)
Hay quienes procuran capturar
los sueños y los vuelcan en algún
papel al despertar.
Apuestan a ese recurso como fuente
para un proyecto literario o poético.
Yo escribí siempre, pero nunca creí
mucho en la utilidad de ese residuo
onírico.
Es irónico, pero un sueño mi hizo
revisar mi posición:
Cuando uno encuentra la posición
correcta, el cuerpo se relaja y el sueño
puede ser placentero (dentro de las
posibilidades de los sueños)
Con placer, junto a otros vecinos,
revisábamos la basura de un super
chino, prolijamente distribuida y
separada:
Había distinta clase de productos,
en perfecto estado. No había disputa
entre nosotros, cada cual examinaba
y elegá sin premura, en armonía y
sana camaradería.
Yo tenía una bolsa, y después de una
visión panorámica, mi atención fue
atraída por el ajo: Múltiples cabezas
de distinto tamaño, en su mejor momento
yacían al alcance de mi mano, invitándome
a tomarlas. No me cansaba de reclutar
cabezas blancas o violáceas a destajo
y embolsarlas a puro regocijo.
Un sueño sano, nada hay más sano que el
ajo, para el consumidor sano. ¿Quién no
conoce sus propiedades?
Son muchísimas, y todavía se siguen
descubriendo.
Esos son los sueños que merecen ser
rescatados: Puros, sanos y sin doble
mensaje ni efectos especiales.
Con ésto tengo que hacer algo, no es
un sueño más. Me dije antes de ponerme
a picar ajo.