(Dolores de la Cruz)
El
terrorismo avanza en todo el mundo,
incluso
en estados poderosos
y
declaradamente enemigos.
Acá
también, no somos una isla
(aunque
se sabe que hay islas qu fueron
tomadas
por el terrorismo, así como hay
estados
que han caído en sus manos
y
están decididos a exportarlo y expandirlo
por
todos los medios)
No
podemos confiar en los medios, no es
posible
determinar hasta qué punto
no
han sido infiltrados.
¿Podemos
pensar en un mundo
volcado
plenamente al terrorismo?
¿Es
eso lo que queremos dejarle
a
nuestros hijos?
¿Cómo
impedir la concreción
de
semejante despropósito?
Nuestras
propias autoridades advierten
sobre
sus distintas expresiones, y su
capacidad
de infiltrarse en todos los
ámbitos
de la actividad pública y privada:
Artistas,
comunicadores, docentes,
estudiantes,
conductores, profesionales,
enfermeros,
consultores, influencers.
Monotributistas,
jubilados y hasta agentes
de
la administración pública.
Así,
de un modo subrepticio, van ocupando
espacios
para tomar el control e imponer
sus
valores abyectos y dominarnos, sin que
podamos
percibirlo.
¿Podemos
aceptar pasivamente que sigan
avanzando?
¿Qué es lo que se puede hacer?
En
principio, romper el aislamiento
promovido
por la tecnología
y
las comunicaciones virtuales: Ahí, nunca
sabemos
quien es quien.
Luego,
cobrar conciencia de esta realidad
y
empezar a sospechar de todo: Vecinos,
parientes,
proveedores, clientes, allegados
y
hasta los familiares más cercanos:
Hay
muchos que han sido ccoptados,
y
si siquiera lo saben: Ellos saben cómo
hacerlo
y lo hacen cada vez mejor.
Incluso,
habría que poner el ojo en uno
mismo,
y detectar actitudes sospechosas:
Podríamos
estar siendo manipulados,
nadie
está libre de sospechas.
Ante
la duda, lo más seguro es presentarse
a
las autoridades, denunciar la propia
sospecha
y ponerse a disposición:
Son
ellos o nosotros.