(Florencio Cusenier)
Hay que educar al soberano,
pensó Sarmiento, ya educado
y empoderado.
E importó educadores, viendo
que los nativos eran insuficientes
y dudosos.
La soberanía depende
de la educación, lo sabe cualquiera
medianamente educado.
Los pueblos sin educación carecen
de futuro soberano, no son dueños
de su destino, y no pueden ejercer
su soberanía, ni saben qué significa.
No lo pensó mucho: Sarmiento era
un hombre de acción, además de un
hombre de palabra con redacción
propia.
Y se decidió por las maestras
norteamericanas. No importaba
el idioma, la letra con sangre entra
y la luz de su ingenio le permitía
tener una visión de futuro:
Algún día todo el mundo civilizado
hablará esa lengua.
Unidos o dominados, los pueblos
que dominen la lengua de su amo
tendrán más oportunidades:
La educación es la mejor inversión,
esa era su convicción. Después, será
cuestión de saber atraer inversiones
y tomar buenas decisiones.