Translate

martes, 28 de abril de 2026

La creación es un trabajo no remunerado

 

 

(Pandora Williams)

 

Dios no sabe lo que es

ganarse la vida:

No lo necesita.


Si lo necesitara, sabría

cómo hacerlo porque Él

todo lo sabe, es omnisciente.


En eso también es único,

no existe ningún otro Ser

que sepa tanto, que sepamos.


Sólo alguien que no tiene

que ganarse la vida puede

acumular tanto conocimiento.


Esta lógica es casi perfecta,

pero no explica el Conocimiento

Divino, que es perfecto, como

todo lo absoluto.


Si fuéramos más perfectos

no estaríamos aquí, trabajando

o especulando sobre cómo ganarse

la vida.


El trabajo y la especulación

son, hasta ahora, las únicas

formas conocidas. ¿No es perfecto?


Menos averigua Dios y perdona:

No nos creó para que fuéramos

perfectos, para eso ya está Él,

y la perfección no se comparte:


Es justo que mantenga su monopolio

y que nosotros sigamos compitiendo,

ganando y perdiendo en la lucha por

la vida, que también le debemos:


Es nuestro creador y acreedor.


Hay otra lógica: Dios no puede ganarse

la vida porque sería absurdo ¿A quién

podría ganársela?


Él la creó, como todo, y todo le pertenece

por ser creación suya.


Nosotros somos sólo una parte insignificante

de la Creación y, si bien nos hizo a imágen

semejanza, nuestro conocimiento es limitado:


No nos es dado conocer sus fines, el sentido

último de todo lo que hizo y hace:


Sólo sabemos que pereceremos, estamos de

paso y hay que pagar peaje, ganarse la vida

cuyo costo viene aumentando desde siempre,

como es natural.

 

lunes, 27 de abril de 2026

Cómo hice

 

 

(Onésimo Evans)

 

Estaba solo cuando me ausenté.

Pero nadie lo notó, y me ausenté

sin ser notado.


Supe estar solo al ausentarme

y pasar inadvertido como cualquier

espíritu de los que conocemos.


No me pregunten cómo hice:

Sólo se dice el pecado, me dijo

un pecador reconocido y avezado.


Me ausenté sin ser notado, es todo

lo que sé y sólo yo lo sé ¿estamos?

No me pregunten por el sentido

connotado.


No pregunten cuántos son

ni cómo hice:  No sabemos.


Estaba solo al momento de ausentarme,

no se notó, ni noté que mi ausencia se

acentuara al pronunciarse.


No me pregunten por qué:

Hay cosas que no se comparten

cuando estamos solos.


Podría compartir un solo de pífano

o quena, o alguna epifanía inédita,

no mucho más que eso. 

 

domingo, 26 de abril de 2026

Comprensión del texto poético

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

El problema con los poemas

es que siempre hay algo

que uno no entiende.


Eso pasa con los buenos,

después están los otros

que lucen bien, son correctos,

prolijos, pero aburren:


Un mero juego con palabras

para exhibir cierta destreza

del autor.


No tienen ningún misterio:

Uno los lee y sigue siendo

el mismo.


Los que saben, dicen que los poemas

no son para entenderlos ¿Para qué

serían, entonces? ¿Para sentirlos, o

para sentir que no entendemos?


No sé, yo lo siento, pro uno quisiera

entender todo: ¿Para qué lee, si no?

¿No?


Al final lo entendí, y decidí dejar

de leer poemas, ya tenía suficiente

con eso. Y me puse a escribirlos.

 

sábado, 25 de abril de 2026

La adaptación salva vidas

 

 

(Senecio Loserman)

 

La adaptación salva vidas,

tanto como la fe:


Hay evidencia científica

suficiente y fehaciente. 


Son muchas las especies

que nos precedieron, y no

sobrevivieron por no poder

adaptarse a los cambios.


A veces, la adaptación impone

cambios que hay que aceptar:

Es preciso resignar algo para

sobrevivir.


Quien lo entiende, se salva:

Nuestras aves de hoy, son

los grandes saurios de ayer


(Aunque muchos quedaron

en el camino: Nunca se resignaron

a verse reducidos en tamaño y

protagonismo)


La adaptación salva vidas

y alimenta nuestra fe: Conocemos

que hoy estamos aquí, gracias a las

sucesivas adaptaciones que nos

precedieron, con sus víctimas y

victimarios, ganadores y perdedores.


La fe es también un salvavidas

y, a su vez, producto de la adaptación:


Sólo los primates mejor adaptados, y

más evolucionados, conocemos el

cultivo de la fe.


Renovamos nuestra fe, confiando

en esta capacidad de adaptación

que nos hizo superiores y nos augura

un futuro promisorio.


El futuro no es para todos, nunca

lo fue. No todos pueden adaptarse

a todo y muchos no sobrevivirán,

aunque es posible que tampoco lo

merezcan y no compartan esta fe.


No podemos hacer nada por ellos,

ya es bastante con atender nuestra

propia adaptación ante los cambios

que se avecinan y el cultivo de la fe.


No controlamos las leyes naturales:

Los inadaptados viven menos

y eso no va a cambiar, aunque oremos.

 

Clases de lengua

 

 

(Manuel Santos Lupanares)

 

No se sabe si las lenguas muertas

van al cielo, como nosotros,

o permanecen acá, languideciendo

como sombras de pecados

no resueltos, relamiéndose a sí mismas

como cualquier cadáver prolongándose

en nuestros pleonasmos naturales

 

jueves, 23 de abril de 2026

El saludo al sol

 

 

(Serafín Cuesta)

 

No está solo quien saluda

al sol, a su sombra

o a la del soldado desconocido.


Un soldado solo no sirve

para nada;  necesita, al menos

un superior y una bandera

a quien saludar.


Las banderas son todas saludables,

aunque algunas son superiores,  y

saben estar solas si nadie las saluda.


Salvo aquellas que contienen soles,

satélites o un número de estrellas.


El sol supo estar bastante solo

siempre, hasta que empezó a recibir

saludos y más saludos, mayormente

dudosos, como toda emisión humana.


A él no le afectaba la soledad,

porque no sabía que estaba solo,

aunque sabía estarlo:


Hay cosas que es mejor no saber.


En realidad, el sol no parecía necesitar

nuestro saludo, y es presumible que

con el tiempo se haya cansado de tanto

saludo vano, vacuo de desconocidos.


Lo excesivo se vuelve fatigoso

y al final cansa. Nosotros lo seguimos

saludando religiosamente, como buenos

soldados.


Sabemos que un soldado solo

no sirve para nada, salvo el soldado

desconocido, que sirve para rendirle

tributo y saludarlo, como a la bandera,

 

 y el soldado que huye en busca de mejor

destino bajo el sol, en solidaridad con

todos nuestros ancestros desertores. 

 

La adaptación y la fe ¿Un salvavidas?

 

 

(Alcides Ovando)

 

Los anabaptistas eran reacios

al uso del anacoluto.


No proscribían la abstinencia

pero durante sus abluciones

matinales, aprovechaban pata

bautizar a cualquier mortal

que anduviera cerca.


En esos tiempos, no se habían

desarrollado las precauciones, 

los sistemas de control,

ni los anticuerpos que hoy gozamos.


Ésto hizo proliferar el número

de bautismos involuntarios, así

como de bautizados apócrifos

que no se autopercibían.


Pero los anabaptistas estaban bien

adaptados y confiaban en el trabajo

de la educación, para que todo el

mundo pudiera adaptarse a todo,


con las correcciones dogmáticas

necesarias:  Hay cosas que sólo

se aprenden con el tiempo, como

el uso del anacoluto.

 

 
Licencia Creative Commons
http//ahoraqueestasausente.blogspot.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.