(Elpidio Lamela)
Hay quienes hacen cualquier cosa
por el puro goce, y no satisfechos
con obtenerlo, lo vuelven a hacer.
Sí, hay un goce propio
de la repetición, así como sabemos
que todo goce tributa a la repetición,
una función que nadie desconoce.
Ahora bien, aunque podamos repetir
las condiciones de producción, el goce
nunca vuelve a ser el mismo.
Está científicamente comprobado:
Cada goce es único por naturaleza,
aunque se pueda reproducir. Ninguno
es igual a otro.
Entonces
¿Qué nos impulsa a reincidir,
a sabiendas que la repetición
está condenada al fracaso?
¿No estamos desaprovechando
las propiedades de esta función
esencial?
¿Nos conformamos con repetir
lo conocido, resignando el goce
pleno de sus propiedades?