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lunes, 16 de febrero de 2026

Causas abrazables

 

 

(Esther Miño)

 

Una mujer de origen africano

batió una marca que parecía

difícil de superar:


Completó 72 horas de abrazo

ininterrumpido a un árbol (ambos

se encuentran en perfectas condiciones)


De ese modo, pulverizó el record

anterior de 50 horas, que ostentaba

una mujer africana.


No hay que sorprenderse: La superioridad

gnética de las razas africanas, ya se viene

manifestando hace tiempo en las pruebas

olímpicas, donde suelen imponerse en casi

todas las categorías.


Puede parecer una noticia irrelevante,

si se lee al pasar, entre tantas cosas

espantosas que pasan, pero contiene una

enseñanza útil:


No hay nada que no podamos superar

con esfuerzo y voluntad, si nos enfocamos

enla dirección correcta.


Abrazar un árbol es fácil, parece una pavada

al alcance de cualquiera, entre tantas pavadas

que solemos cometer con éxito.


Pero sostener ese abrazo durante 72 horas

no es moco de pavo: Hay que estar decidido,

tener una profunda convicción, una ovoluntad

indoblegable y amar al árbol como si fuera un

prójimo, o quizás más.


El éxito no es para cualquiera. Ya habrá alguien

que la supere, pero hasta tanto, esta mujer seguirá

ostentando la propiedad de su record, esa marca

superadora y el merecido goce del reconocimiento

general.


Es más que una simple prueba de amor, testimonia

toda la potencia creadora que puede disponer

la voluntad humana bien tramitada.


La vida es un continuo desafío,

no mires para otro lado, no dejes

pasar esta enseñanza:


No hay nada que no podamos superar.


Un consejo útil: Conviene elegir un árbol

de diámetro discreto en su base; esos son

los más fáciles de abrazar.

 

Me están sobrando los consejos

 

(Periferio Gómara)

 

Enamorate de tu próximo colchón:

Tendría que pensarlo, pensé,

los colchones son carísimos,

y ni hablar de uno bueno.


Fui a mirar el mio, un colchón

viejo y vencido como yo: No

daba señales como para enamorarse.


Pero el amor es ciego, hay que darse

al amor. Si alguna relación íntima

hay, que perdure, es la que nos une

al colchón.


Pero antes de eso, debería ocuparme

del elástico, esas maderas que crujen

cada vez que nos movemos, el colchón

o yo. Trato de moverme poco…


Enamorate de tu próximo colchón:

Parece un despropósito, pero estas

cosas consumimos todo el tiempo

los amantes de la radio.


La magia de la radio, donde lo más

importante es la publicidad. Entre una

y otra tanda alguien habla y procura

atraer tu atención, con alguna nota

de interés.


¿Para qué? Para venderla a los que te

aconsejan cosas como ésta: Enamorate

de tu próximo colchón.


Con buena voluntad podemos enamorarnos

de cualquier cosa, está probado ¿Probaste

este colchón?


Hay que entenderlos, ellos tienen buenos

colchones y están enamorados, y se sabe

que los enamorados ven todo con otros ojos.


Lo que escuchas y consumes

dice mucho más de ti que de mi.

 

domingo, 15 de febrero de 2026

Emociones y lenguajes sospechosos

 

 

(Elpidio Lamela)

 

La sospecha es anterior a todo

sentimiento humano.


Incluso antes de alcanzar esta

categoría, cuando aún no nos

diferenciábamos de los animales,

se estima que no nos era ajena.


¿La sospecha existió siempre?


Es posible, no se puede aventurar.

No contamos con los elementos

suficientes para afirmar nada

que no sea una especulación teórica:


Las especulaciones teóricas

siempre fueron sospechosas.

Aunque sospechamos que nada

existió siempre.


Se puede barruntar que en esos tiempos

prehumanos, nuestros ancestros

antropoides no confiaban en nadie,

ni en el prójimo, que solía encubrir

a un enemigo.


Ya antes de asomar a la condición humana

el hombre estaba rodeado de enemigos.


Eso explica que sus mayores energías

se destinaran a la lucha por la vida,

que incluía a los grandes predadores

tanto como al prójimo.


Esta actitud, dominada por la sospecha

a todo lo vivo o sospechoso, fue lo que

los hizo fuertes para superar contratiempos

y condiciones adversas.


La evolución, movida por la necesidad,

despertó la sospecha de que, ante enemigos

comunes, convenía unirse, aunque fuera

en forma provisoria.


Ese interés, sospechoso como todos

y no menos que la palabra evolución,

creó una nueva necesidad: la palabra.


En un principio no fue el verbo,

sino unos monosílabos rudimentarios

y bastante sospechosos.


Luego de probarlos a todos, que tampoco

son tantos, comprobaron que podía haber

más, pero eran insuficientes para acordar

estrategias de defensa o ataque.


La necesidad encarnó en el verbo:

No sabemos si fue un verbo compuesto,

copulativo o transitivo. No es posible

averiguar cuál fue el primero, aunque

sospechamos que usaban el infinitivo.


A partir de ahí, todo cambió y comenzamos

a creer, a confiar en la palabra, en el prójimo

y a cultivar la fe:


Ese sentimiento exclusivo de la especie,

que nos hizo aún más sospechosos

para los animales inferiores.


 

jueves, 12 de febrero de 2026

Principios

 

 

(Remigio Remington)

 

No todo tiene que empezar

por el principio: Un poema

puede empezar por cualquier parte

y no tener principio.


Hay algunos que conocen el éxito

y no tienen principios: Si, se puede,

aunque es difícil de sostener:


Si se observa detenidamente,

todos los tenemos, sólo que algunos

son más dudosos.


Con los poemas, los principios

no son siempre los mismos. Cada

época tiene sus valores. La utilidad

de los valores tiene una vigencia

acotada y los poemas no tienen

valor de cambio.


Poe escribió sus Principios Poéticos

en el siglo XIX y ya nadie los aplica:

Son cosas del pasado, ahora hay otra

aplicaciones.


Lo único que recordamos de Poe

es lo que dijo el cuervo, dos palabras

que repite hasta el final.


Un poema puede empezar por el final.

Yo lo hice al principio, cuando era un

adolescente sin formación: Escribía

para probar, como un juego.


Tenía una serie de poemas

que empezaban con la palabra fin.

Después, eso evolucionó en ¿fin?


Cuando uno es joven, piensa que

se puede hacer cualquier cosa

y prueba, ensaya, en fin.

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

La coinvivencia interespecie

 

 

(Aparicio Custom)

 

Hay criaturas que suelen parecer

inocuas, inofensivas, e incluso

amigables.


A menudo, no las conocemos

lo suficiente: Son demasiadas

para conocer a todas, el número

de especies que nos acompañan

es elevado y muchas proliferan

fuera de nuestro control.


Algunas son capaces de convivir

con nosotros, sin que advirtamos

su presencia.


Pueden llegar a nuestros hogares

por aire, mar y tierra, como cualquier

fuerza de ocupación militar, o bien

provenir de aguas estancadas o servidas.


No es aconsejable confiar en ellas,

ni en nada que parezca inofensivo:


Algunas criaturas emiten una baba

venenosa, y es común no sospechar

de su ponzoña hasta que es demasiado

tarde.


Lo más seguro es evitar todo contacto

con babas desconocidas, secreciones

dudosas y emisiones no identificadas.


Sabemos que la mayor parte de estas

criaturas, como de todos los organismos

que nos rodean, es inofensiva.


También, que casi todo el volumen

de baba ajena que circula es inocuo,

pero es mejor estar prevenido.


 

martes, 10 de febrero de 2026

Trabajar la aceptación

 

 

(Germán Singerman)

 

La amplitud de criterio, junto

con la humildad y la empatía

son los mejores aliados para

relacionarse con el otro


y establecer vínculos sanos.

Yo acepto todo, en principio,

gracias a mi capacidad para

ponerme en el lugar del otro.


Esta capacidad es algo natural,

un don que luego se desarrolla

si se trabaja en forma consciente.


A veces, hay cosas que resultan

difíciles de aceptar, lo acepto.

Pero la amplitud de criterio nos

brinda los recursos para entender

al otro y aceptarlo:


Todo tiene su causa, todos tenemos

una historia, en ciertos casos bastante

compleja, y eso explica muchas cosas.


Poder ponerse en el lugar del otro

es fundamental para comprender

la determinación histórica de esas

conductas y pensamientos que, a prori,


nos parecen inaceptables.

En principio, yo estoy dispuesto

a aceptar todo, menos que no pensen

como yo.



 

Primera y última cita

 

 

(Florencio Cusenier)

 

Con ese traje viejo,

ajetreado por la falta de uso

acumulada en años,


se apersonó en tiempo y forma

como estaba acordado en esa cita,

que podía ser el comienzo de una

aventura o cualquier otra cosa:


Nunca se sabe en qué termina,

o adónde puede llevar una cita.


No importa lo que hagas,

ni con qué te vistas; ningún disfraz

resuelve la incertidumbre.


Las prevenciones son inútiles,

como la naftalina que preserva

el ajetreo acumulado en vestidores

y reperos de esos trajes en desuso.


Una cita puede ser una trampa

y ser también la última. Muchos

lo aprendieron tarde.


Es tarde para citar, para incurrir

o frecuentar esos lugares que solíamos

frecuentar y ya no están.


Es tarde para citar, Estercita,

hoy te llaman Milonguita:

Las citas te han hecho mal

y darías toda tu alma por vestirte.


No te vistas todavía,

hay un cliente esperando.

 

 
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