(Amílcar Ámbanos)
El futuro ya no es lo que era,
nadie pide otra cosa, casi no se oyen
voces de alerta, ni de prevención.
Las mejores voces de mi generación
callaron para siempre y no hay quien
pida lo imposible.
El basurero de la historia ha crecido
más de lo esperable y está fuera de
control:
El pasado no le alcanza
y está empezando a consumir futuro,
mientras devora los restos de presente.
La infección está viajando en el lenguaje
y se propaga a la velocidad de nuestros
conectores neuronales.
II
Ahora veamos el lado positivo:
El futuro está en nuestras manos, que son
las más confiables:
Somos los únicos productores de futuro.
Si tomamos un animal de otra especie,
una rata para no ir más lejos, observamos
que un individuo moderno, no se diferencia
mucho del que era hace millones de años,
cuando nosotros ni existíamos.
La rata, como sabemos, es nuestro ancestro
mamífero, pero lo mismo ocurre con casi
todas las especies ¿Qué significa ésto?
Nada, sólo que fuimos elegidos para liderar
la gesta evolutiva. Sin nosotros, el mundo
sería el mismo de entonces, el mismo
paisaje de cuando desaparecieron los grandes
saurios que dominaban el planeta.
Ante las nuevas condiciones, el Orden Natural
respondió al desafío con un nuevo diseño:
Hacía falta una especie dominante, no ya por
su tamaño y superioridad en la lucha cuerpo a
cuerpo, sino por su capacidad de liderazgo y
organización, su vocación de conquista y las
aptitudes para desarrollar formas de control.
Se puede afirmar que el planeta todo, es en sí
mismo un perfecto recurso natural para que
nuestra especie desarrolle todas sus capacidades
y reproduzca el mandato evolutivo en forma
indefinida.
La función del planeta es producir evolución,
y nosotros somos los elegidos para hacerlo,
no podemos deslindar el protagonismo histórico.
¿Cómo no vamos a tener futuro?