(Esther Miño)
Una mujer de origen africano
batió una marca que parecía
difícil de superar:
Completó 72 horas de abrazo
ininterrumpido a un árbol (ambos
se encuentran en perfectas condiciones)
De ese modo, pulverizó el record
anterior de 50 horas, que ostentaba
una mujer africana.
No hay que sorprenderse: La superioridad
gnética de las razas africanas, ya se viene
manifestando hace tiempo en las pruebas
olímpicas, donde suelen imponerse en casi
todas las categorías.
Puede parecer una noticia irrelevante,
si se lee al pasar, entre tantas cosas
espantosas que pasan, pero contiene una
enseñanza útil:
No hay nada que no podamos superar
con esfuerzo y voluntad, si nos enfocamos
enla dirección correcta.
Abrazar un árbol es fácil, parece una pavada
al alcance de cualquiera, entre tantas pavadas
que solemos cometer con éxito.
Pero sostener ese abrazo durante 72 horas
no es moco de pavo: Hay que estar decidido,
tener una profunda convicción, una ovoluntad
indoblegable y amar al árbol como si fuera un
prójimo, o quizás más.
El éxito no es para cualquiera. Ya habrá alguien
que la supere, pero hasta tanto, esta mujer seguirá
ostentando la propiedad de su record, esa marca
superadora y el merecido goce del reconocimiento
general.
Es más que una simple prueba de amor, testimonia
toda la potencia creadora que puede disponer
la voluntad humana bien tramitada.
La vida es un continuo desafío,
no mires para otro lado, no dejes
pasar esta enseñanza:
No hay nada que no podamos superar.
Un consejo útil: Conviene elegir un árbol
de diámetro discreto en su base; esos son
los más fáciles de abrazar.