(William Arsenio Pereyra)
No naturalices cualquier cosa
sin vacilar, como si fuera algo
natural.
Sería natural que vacilaras:
Hay pocas cosas naturales
a esta altura, ni las frutas
que consumimos lo son:
Conservan algo del sabor natural,
pero son producto de la ingeniería
humana, que sólo busca rendimiento.
Además, están tratadas con venenos
químicos en cantidad industrial.
Lo más natural, a esta altura, sería
sospechar de todo y limitar el consumo
de todo lo que nos sepa sospechoso.
La contaminación no tiene vuelta atrás,
y una de sus fuentes es la publicidad,
que nos inocula falsedades y mensajes
tóxicos, junto con ideología espuria
para hacernos consumir su basura.
La contaminación también está presente
en el lenguaje, incluso empieza por ahí:
Ellos estudian minuciosamente
las palabras que sirven como anzuelo
para capturar nuestra necesidad natural
de consumir.
La publicidad dispne de recursos
para controlar conciencias y capturar
la intimidad inapropiable del sujeto,
es decir el inconsciente, emisor del deseo.
Sin ir más lejos, ayer durante el sueño
de la tarde, me apareció una publicidad
de no sé qué aseguradora.
No voy a compartir el nombre: No quiero
publicitarla ni estoy seguro de recordarlo.
Pero el hecho confirmó lo que pensaba:
Ya no estamos seguros de nuestra privacidad
ni en el sueño.
También, me hizo recordar a Felisberto
Hernández y su “Muebles El canario”,
escrito hace un siglo.
Sé que mi sueño no es original, no lo pretendo.
Pero espero que ésto no se vuelva natural.