(Malcolm Mercader Ergástulas)
Los
indecisos podrían ir al cielo.
La
falta de decisión puede ser
considerada
como discapacidad,
pero
no califica de pecado:
Un
discapacitado sano,
no
es necesariamente un pecador
por
su condición disfuncional,
aunque
esté en condiciones de
pecar
y es libre de hacerlo. Como
cualquier
cristiano.
Hay
quienes sostienen que la propia
discapacidad
es un castigo:
Algo
habrá hecho el portador, tal vez
en
otra vida, y está pagando por ello.
Hay
teorías según las cuales, la mayoria
de
los que estamos aquí, venimos a saldar
deudas
del pasado.
Pero
sólo son creencias, son cosas que
están
fuera de nuestro entendimiento y
responden
a decisiones superiores que
escapan
al conocimiento que disponemos.
Pero
la naturaleza del pecado es bastante
más
compleja: En ciertas ocasiones, las
circunstancias
nos obligan y la vacilación
puede
ser decisiva: La omisión nos precipita
en
el error no forzado:
De
tal modo que, al vacilar y no decir que no.
nos
convertimos en cómplices de un pecado
mayor
qu éste.
Esa
indecisión, puede costar el acceso al cielo
o
al paraíso. Claro que, el indeciso, ya tiene
su
castigo aquí, al padecer las decisiones
ajenas.
En
ese sentido, existe un atenunate:
Nadie
es del todo lo que decide.
No
se puede afirmar mucho, pero es probable
que
el paraíso esté poblado de indecisos,
por
lo que sabemos.