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lunes, 28 de septiembre de 2026

Libre comercio

 

 

(Tomás Mercante)

 

Los hombres libres

suelen vivir menos.


La libertad tiene un costo,

como es natural.


Si así no fuera, todos seríamos

libres y la libertad no tendría

ningún valor.


Si lo tiene, es porque hay

que ganársela y pagar el

precio, que es variable

y no es igual al costo:


Hay cosas que no tienen precio,

pero todo tiene un costo, como

la vida misma.


Nadie está exento de pagarlo,

el costo de la vida siempre sube

y no se puede negociar.


Ni los hombres libres se libran

de pagarlo, aunque luchen

para abolirlo.


A algunos les cuesta la vida,

pagan ese precio, fijado por otros,

por defender su libertad.


Si todos fuéramos libres, nadie

pagaría más de lo justo y la vida

tendría otro valor.


Habría que recalcular todos los

costos y no valoraríamos tanto

la libertad.



 

Sentimiento sincero

 

 

(Prudencio Húsares)

 

Sincerarse no es más difícil

que acicalarse, despeinarse,

o despiojarse.


Es una cuestión de actitud,

hay que estar disponible

a sacarlo todo afuera, y dejar

los sentimientos de lado:


En lo posible, del lado de afuera.

Un baño de transparencia sincera

cada tanto, nos hace lucir

más amables y atractivos.


A mi no me atrae demasiado

la sinceridad, no sé si es una virtud,

para ser sincero.


Si todo el mundo se mostrara

como en realidad es, podría resultar

insoportable para todos y complicar

la convivencia.


Todas nuestras relaciones se verían

afectadas, perderíamos la confianza

en el otro. Es difícil tener amigos

transparentes, y más aún conservarlos.


 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Poema costumbrista

 

 

(Aparicio Custom)

 

El hombre es un animal de costumbre.

Se acostumbra al trabajo, a la muerte,

a la guerra, a la falta de trabajo.


El hombre es un animal de costumbre,

se acostumbra a obedecer,

a que le mientan y lo humillen,

al castigo, al sacrificio, a la traición.


Se acostumbra a la injusticia, al oprobio

y a las culpas que le asignan, en nombre

de valores superiores y mandatos que

le son ajenos.


Se acostumbra a que todo le sea ajeno,

y como animal de costumbre, acepta

lo que s le inculca y se acostumbra

a repetirlo. Se mantiene ajeno a ciertas

decisiones que lo involucran y afectan.


Vuelve a creer en falsas promesas

y acepta su condena con abnegación.

Siempre hubo otros que decidieron

por nosotros y siempre funcionó:


Estamos acostumbrados. La patria está

por encima de todos, y cada uno debe

aportar desde su lugar.


El hombre es un animal de costumbre,

acepta su destino, sabe apechugar y

cambiar sus costumbres si hace falta.


Todo puede ser traicionado, ya ha pasado

y está acostumbrado.


Hay tradiciones que respetar y repetir

para que se mantengan vivas a través

de las generaciones.


Víctimas y victimarios celebran

las mismas tradiciones.

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Inflorescencias endógenas

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

La mente puede estar abierta

o cerrada, sin que afecte su función.

Son formas de uso.


La mente, se abre y se cierra

como una flor, aunque no lo es:

No florece, y sus frutos son dudosos.


Pero una mente abierta es más fecunda

y entre todo lo que entra, puede que

algo florezca.


Una mente abierta es más apta para

el desarrollo del intercambio de ideas

y el comercio del pensamiento.


La mente abierta es propicia a todo tipo

de cultivo, alguno pude florecer. Aunque

también se abre al riesgo de ser desflorada

con o sin consentimiento.


Una mente bien cultivada, permanece

abierta a todo y no descansa. Es expansiva

y puede contener mucho más de lo que

imaginamos.


No todos tenemos la misma capàcidad

de imaginación, pero la mente puede

abrirse, cerrarse y desarrollar esta capacidad.


La mente, se abre y se cierra

como una flor, o un esfínter.


Más que una flor, se asemeja a una flora

intestinal, donde conviven toda clase de bacilos

y bacterias, buenos y malos.

Hay que dejar decantar, y aprovechar lo útil.


Abierta o cerrada, la mente no florece,

aunque responde al sistema binario.

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Poema arpegiado

 

 

(Alcides Ovando)

 

Legítimos arpegios

hilvanan al azar

su música discreta.


Encadenadas notas

que circulan a intervalos

regulares consecutivamente.


El arpegio es una fŕmula

tributaria de la repetición,

como otras.


Se ejecuta en forma ascendente

o descendente, o combinando

ambos sentidos.


Lo que no se puede repetir

no existe, decía un rapsoda

repetidor antes de ser poeta.


Más cierto: Lo que se repite

no se olvida:  Veíase el arpa.


Arpegio viene de arpa,

pero no hace falta ser arpa

para producir un arpegio:


Cualquier instrumento no armónico

puede frecuentarlo, incluyendo

la voz humana.


Ahora estoy silbando un arpegio

que se articula con otro hilvanando

una secuencia de arpegios que suben

y que bajan, para volver al primero:


Es una estructura circular

que puede repetirse hasta el cansancio.


Yo no me canso de repetir

y tampoco sé silbar, pero no es necesario:

No se puede verificar.


Es legítimo el engaño, cuando sirve

a los fines del poema: Es un recurso,

como el arpegio, que no es otra cosa

que un acorde descompuesto.


El poema, esa unidad dudosa

compuesta de elementos hilvanados 

al azar, también se descompone. 

 

Parasoles

 

 

(Epifanio Weber)

 

Ellas están solas

Ellos están solos

Elles están soles


Los soles salen para todos,

todas y todes.


No codicies lo mejor del prójimo.

Codiciar no es bueno

y ser prójimo tampoco.


No te regocijes con el fracaso

ajeno. Tus genes no son tus genes,

son herencia recibida, materia que

se hereda y siempre habrá mejores.


No apetezcas más de lo que tienes:

Tienes todo por ganar

y todo por perder.


Todo se pierde y todos podemos ser

el próximo, o la próxima víctima.


No te victimices por la falta de bienes

raíces, no codicies lo que no mereces.


Tus heces no son tus heces

ni tampoco eres lo que pareces.


Venimos a gozar y a padecer

en distinta medida: Es mejor

ser mesurado, no te excedas.


Mejor que consumir es consumar.

Mejor que subsumir es subsumar.

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Consideraciones sobre el pecado

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Hay faltas mayores y menores,

puede haber atenuantes o agravantes

y dependen del contexto, al igual

que los pecados.


No podemos medir todo con la misma

vara, ni Dios lo hace. Él sabe diferenciar:


A algunos pecados, considerados

de naturaleza efímera, los mira

de soslayo. ¿Qué significa ésto?


Los registra, como registra todo,

pero no los condena sino que los

soslaya, hace la vista gorda.


Él sabe diferenciar la falta grave

de la leve, así como la acumulación

de faltas y el error no forzado.


Tiene distintas varas a disposición

y nunca se equivoca: Su elección

es siempre la correcta, a diferencia

de nosotros.


No podemos compararnos con Dios,

todavía nos falta.

 

 
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