(Amílcar Ámbanos)
Al final de la noción
hay una ene, idéntica
a la primera:
Es el signo de la incógnita
que encierra la noción.
Una noción
no llega a ser conocimiento:
Lo niega desde el no,
que es la mitad de la noción
y la sostiene.
Entre una ene y otra
yace el ocio, capaz de llenar
cualquier vacío. No es nocivo
el ocio en sí, como cultivo:
Los males y padecimientos del
mundo no provienen de ociosos,
sino de activos.
Toda acción posible, es buena o es
mala, según quién la juzgue. No así
la inacción, que es siempre neutra.
Pero el ocio no es negocio:
es lo opuesto y no lo niega;
es el negocio el que lo niega,
lo necesita para negarlo.
El ocio es más antiguo que todos
los negocios, como el estado de reposo
es anterior a cualquier otro.
Una noción vaga, puede vagar en forma
indefinida, sin desmedro de su valor
y sin afectar a los valores que circulan:
Todo lo que circula tiene algún valor,
como esta noción: Lo importante es
circular.
En el concierto de las nociones
todo vale, no hay competencia como
en el conocimiento, dende todos
pueden ser superados por otros.
Las nociones no fracasan, son ajenas
a las categorías de falso y verdadero
y a la disputa por la verdad:
¿Verdadero o falso?
No hay noción nociva, ni saludable,
ni existen nociones enemigas como
ocurre con las naciones.