(Serafín Cuesta)
La
imagen iba a recorrer el mundo:
El
hombre y su trofeo, ese pez
tan
codiciado, conocido como A2.
Nombre
extraño para pez, que había
sabido
ser AZ, las iniciales del pescador
ruso
que lo descubrió al azar,
como
suele ocurrir entre los pescadores
de
descubrimientos.
Se
optó por reducirlo a las iniciales
dada
la dificultad de pronunciar su
nombre,
tanto como de escribirlo
correctamente.
Alguien leyó la zeta como un dos
y el equívoco. se impuso, como suele
ocurrir.
Tampoco
es extraño, ni está mal
que
merezca un nombre extraño
a
la naturaleza de la fauna marina,
siendo
una especie exótica.
No
es usual que un A2 se deje ver
a
la luz del día, ni a la de la noche,
y
mucho menos, pescar:
Según
estudios de científicos soviéticos
bastante
rigurosos, es lo más desconfiado
que
se conoce bajo el nivel del mar,
otra
señal de una inteligencia superior.
No
sólo se destaca por eso, o por su gran
porte
y su capacidad de carga entre
los frutos
del mar: Su carne blanca, rica
en flavonoides
y ácidos grasos saturados de
calidad, contiene
todos los aminoácidos esenciales.
Sabe
mejor que el salmón, el rodaballo
o
el lenguado, y sus espinas son grandes
y
fáciles de separar.
Todas
sus cualidades lo ubican
en
un lugar destacado entre nuestra fauna
marina:
una criatura superior.
Si
no fuera un pez, bien podría
conquistar
el mundo, sospechaba uno
de los científicos rusos.
El
hombre luce feliz con su trofeo,
un
A2 joven y bello, tanto como puede
serlo
un pez.