(Amílcar Ámbanos)
A veces dudo de mi mejor versión.
Todavía no la encuentro,
pero no hay nada que haga pensar
que sea algo definitivo.
En ocasiones, siento como
que me aproximo, que está ahí nomás
y no hay nada que haga pensar que no
pueda acceder. Pero vacilo:
No puedo descartar que no sea ésa
¿Y si mi mejor versión yaciera
en el pasado?
Entonces retrocedo: Si fuera así
no habría nada que buscar, el pasado
no se puede superar, y no hay forma
de volver.
Sólo olvidando el pasado, se puede
esperar otras versiones que acaso
lo superen. Ahí vuelvo a vacilar:
Olvidando el pasado, no habría
presente posible, en sus distintas
versiones.
¿Y si ésta fuese mi mejor versión?
Llegué a pensar alguna vez en un
resquicio entre dos vacilaciones
pares.
Pero nada hacía pensar que, si fuera
así, sería ésa mi versión definitiva.
En tales condiciones, mientras cursaba
una vacilación exitosa, sospeché
que tal vez no conociera nunca mi mejor
versión, o la estaba conociendo allí.
Como tantas cosas que uno no sabe
que conoce.