(Amílcar Ámbanos)
Yo
persigo una forma, Padre.
-Todos
perseguimos algo en esta
vida,
hijo. No es un pecado, o es
nuestro
único pecado, eso está en
la
naturaleza de cada pecador, no
te
sientas perseguido.
-Yo
persigo una forma,
no
me siento perseguido.
-Somos
formas que se mueven,
con
o sin motivo, hijo. La vida
es
movimiento, todo movimiento
persigue
algo, un fin, etcétera.
A
nosotros nos mueve el amor,
que
es emanación divina, entre
otras
cosas.
-Lo
siento, pero hay formas y formas.
Amo
lo amorfo, Padre.
-Lo
importante es poder amar, hijo.
El
poder del amor nos excede, porque
es
infinito, desde su naturaleza divina.
La
perversión es creación humana, no
existiría
sin nosotros, y no es pecado
mientras
no afecte a terceros.
-¿Cómo
saber cuánto afectamos, si no
percibimos
más que lo que perseguimos:
esa
forma?
-Somos
libres de perseguir lo que deseamos
en
las formas permitidas: El bien y el mal
son
formas de valor en movimiento, una
buena
parte del movimiento nos es ajeno.
-¿Y
el amor al prójimo?
-No
es algo practicable: Las metáforas y
las
perversiones son creaciones humanas,
no
existirían sin nosotros. Son para uso
personal.
-¿Y
las formas de uso?
-Como
seres sintientes y deseantes,
disponemos
de libre albedrío: Somos
libres
de perseguir y ser perseguidos.
Hacele
caso a tu sed.