(Abel A. Borda)
Caminar no ayuda a envejecer.
Camines poco, mucho o nada,
siempre fue un camino sin retorno
la vejez.
Caminamos, y observamos:
La velocidad del caminante
cambia con la edad, no importa
lo caminado, nunca vuelve
a ser la misma.
Ahora sólo dependemos del tiempo:
Destinar algún tiempo a caminar
sin destino no está mal.
Pero después hay que volver,
no conviene alejarse mucho:
Lo más seguro es caminar en círculo
y repetir la libre circulación hasta
alcanzar la meta o acusar cansancio.
Alcanzar cansa.
Disfrutar del camino, a sabiendas
que un día, no habrá ya tiempo
para caminar. Más que de la cama
al baño.
La vejez es un camino sin retorno
hacia la muerte, no mucho más que
eso es la vida, ese camino.
No te detengas a mirar los pasos
perdidos en el pasado, ni a los que
pasan a tu lado y te dejan atrás,
como supiste hacerlo alguna vez.
Caminar en sentido contrario
a las agujas del tiempo, es menos
un recurso útil que un pasatiempo
ocioso.
No se puede contradecir la biología
ni extender los vencimientos.
Procura mantener el ritmo,
aunque no sea el correcto:
Caminar con disciplina
puede ayudarte a envejecer
más despacio.
No te tomes el tiempo,
no te midas. Caminá con naturalidad
a tu velocidad actual.
La velocidad no envejece.