(Amílcar Ámbanos)
Osado, el oso se desliza,
grácil como un ave
que va de rama en rama
dentro del poema.
El oso es más pesado
y torpe que el volátil
de referencia; al poema
no lo importa:
Como es arriba, es abajo.
El cuerpo del poema
es irrestricto con los movimientos
de sus criaturas, lo permite todo.
Todo puede pasar sin conflicto
y sin contradicción aquí adentro,
a la velocidad que el oso ose
desear.
No hay quien lo impidam
ni hay deseos imposibles
dentro de los límites provistos
al poema, ese cuerpo que se
mueve.
Cuando concluya el movimiento,
el poema acabado habrá cobrado
un valor idéntico a sí mismo:
El mismo que poseía antes de ser
escrito.
Nunca escribas un poema
por capricho y sin necesidad:
Aconseja el oso en vuelo,
en pleno goce de su capacidad
ociosa.