(Alí Carnazo)
Ahora se peca poco,
en relación.
No significa que antes
pecáramos más, ni que no
nos sigan uniendo los
bordes del pecado.
¿Los pecados son siempre
los mismos?
En parte sí, aunque no tanto:
El pecado es dinámico, se
adapta y viene acompañando
el movimiento evolutivo
que siempre lideramos.
¿Hay algún pecado nuevo?
Es posible, la vocación de crecimiento
no es ajena a la condición pecadora
que busca nuevas oportunidades y
adopta distintas formas de manifestarse.
El crecimiento del volumen de pecado
fresco y activo, está bien expresado en
las formas de representación en curso,
reflejadas en líderes cada vez más
obscuros, corruptos y pecaminosos.
La crisis del sistema de valores
permite invisibilizar ciertos pecados
y hace que otros aparezcan como virtudes.
El éxito del engaño hace florecer
nuevos valores, aún más dudosos
que los que conocimos antes.
Es difícil establecer una relación
histórica entre aquellos pecados
y los de hoy. No podemos juzgar
hechos del pasado con valores del
presente.
Lo único cierto, a la luz de la Historia
que conocemos, bastante oscura por cierto,
es que el pecado existió siempre, y es una
de nuestras mayores conquistas, junto con
la conciencia.
Sin conciencia, no hay pecado, y todos
nuestros vínculos son hijos del pecado y
mantienen una relación entrañable con él.
Sólo se peca en relación a otros.