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martes, 24 de febrero de 2026

Gran angular

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Un ángulo opuesto

por el vértice, desnudo

como un ángel se deslizaba

como Pedro por su casa

y se me aparecía en cualquier

parte de la mía, interpelándome.


No sé qué pretendía, presentándose

así, exhibiendo su oposición

absurda y vertical sin ningún pudor.


Sí, se puede, ningún desnudo es

obceno si no encuentra oposición:

una mirada inteligente, capaz de

interpretarlo y resignificarlo.


Ahora bien, un cuerpo bien provisto

está lleno de ángulos graves y agudos,

anfractuosidades y puntos obscuros,

susceptibles de interpretaciones más

o menos capciosas.


Cualquiera de esos puntos sensibles

puede oficiar como punto de apoyo

al eje de la discusión.


Podemos someter cualquier cuerpo

a discusión. Pero ¿Qué vamos a discutir

de un ángulo opuesto por el vértice

que se instala como si fuera parte de la

casa solazándose con su condición

de desnudez frontal y explícita?


No sé qué pretendía, podría haber hecho

captura de pantalla pero lo descaté:

No quise entrar en su juego, así comono

quiero saber nada con la oposición, esa

palabra sospechosa.


Por confiar en falsas oposiciones, hemos

caído en lo más bajo de este vértice abyecto

alimentando la basura de la historia.


No sé qué pretendía, ni quise saberlo.

En cualquier caso, iba a ser una pretensión

excesiva.


 

La felicidad

 

(Luis Espéculo)

 

Si volvieras, yo sería feliz,

pensó para sí.


¿Había sido feliz

antes de que se fuera?


Tal vez sí,

ahora no se lo preguntaba,

es probable que no lo supiera.


¿Cómo podía saberlo

sin su falta?


Ahora que no estaba, comprobaba

que nada sería igual en su vida

y eso no lo hacía feliz, sino que

lo sumía en el desasosiego.

:


¿Por qué me abandonó, no era feliz

acaso, como yo?


Si bien sabía que nada es para siempre,

hay vínculos que son irreemplazables

y seres cuya presencia es imprescindible,

al menos para ser feliz.


Aunque todos sabemos que nadie es

del todo imprescindible. Yo no sé

si soy imprescindible para alguien.


Si volvieras, volvería a ser feliz

como antes, recordó ese pensamiento,

contemplando con alivio el descanso

de su gato recuperado, después de una

aventura.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Reconocimiento

 

 

(Abel A. Borda)

 

Con ínfulas legítimas,

podía jactarse ante propios

y extraños, y hasta ufanarse

de su jactancia genuina.


Aunque no solía caer en excesos:

Nunca se vanagloriaba en vano,

sabía reconocer sus límites

y se ufanaba de su reconocimiento.


Era un reconocimiento justo:

Cuando sospechaba que otro

podía superarlo en algo, guardaba

sus ínfulas y hacía gala de una

humildad superior, algo envidiable.


En eso también era único,

como todo el mundo, sólo que sabía

hacerlo valer.


No es para ufanarse, ni alardear,

pero sólo los humanos conocemos

la envidia, un sentimiento ajeno

a los animales comunes, y somos

capaces de envidiar cualquier cosa.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

Momentos de debilidad

 

 

(Aparicio Custom)

 

Ha corrido mucha agua.

Ha corrido mucha tinta.

Ha corrido mucha sangre.


Hay que seguir la corriente

y correrse de todo lo que ya

no corre.


Aca, el que no corre vuela,

observó la mosca en un momento

al pasar.


Fue un momento de debilidad

en que se detuvo a pensar:


Fue también su último pensamiento,

ahí quedó estampada, sin retorno,

como un pensamiento sin futuro.


Moraleja:


No corras riesgos evitables,

no te detengas a pensar:


Ya todo ha sido pensado por mentes

superiores que nos ahorraron el trabajo.

Eran otros tiempos y otros vientos

corrían:


Pensar era una actividad reconocida,

como escribir poemas o ensayos

filosóficos.


Todo lo que se podía pensar,

ellos ya lo pensaron.

Volver sobre lo mismo es inútil:


La repetición no genera muchas

oportunidades.


Ha corrido mucha agua.

Ha corrido mucha tinta.

Ha corrido mucha sangre.


La sangre derramada no será negociada:

es un producto sin valor de cambio.


No corras riesgos innecesarios,

no te detengas a pensar, estamos de paso:

Seguí cualquier corriente, a la larga es

lo mismo.


No te detengas, el movimiento vivo

alarga la vida.

Pensalo, antes de detenerte.


 

viernes, 20 de febrero de 2026

Falanges y ángeles

 

 

(Emeterio Askman)

 

El dedo en el ojal

del ángel, royendo

su misal.


El dedo en el ojal,

con su hache mocha

y muda como ojo.


El dedo que acusado

implora al ojo precursor

de pelos y señales,

deidades y dedales.


El ojo solapado de la bala

apuntala aquellos desvíos

peciolados a ambos extremos

del pespunte y sus márgenes

de error.


Cuando el error se dispara

no hay forma de detenerlo,

ni a la bala que lo observa

por el rabillo ojalado.


Cuando el error se repite

suele pasar desapercibido:

La repetición es la mejor

coartada.


El resto es pura deducción:


El dedo es un miembro de la mano,

que a su vez es parte de un miembro

mudo como una hache correctamente

pronunciada.


Humano es poner el hombro

a las haches y el pecho al cuerpo

de las balas.


El ojo percutor sigue la evolución

del proyectil que atraviesa el ojal

y sale ilesa como un ángel.


(Algún día todos seremos reconocidos

miembros plenos y deductibles

como ángeles guardianes unidos

por el canto de baladas como ésta)

 

jueves, 19 de febrero de 2026

El lenguaje secreto de los gatos

 

 

(Hildebrando Sábilo)

 

Acá hay gato encerrado,

sospechó el gato ambulante

al pasar frente a una casa


(Los gatos tienen sentidos

mucho más desarrollados que

sus dueños, aunque no tengan

dueño)


La sospecha se confirmó

al vislumbrar la imagen de un

semejante detrás del vidrio.


No le dijo nada, bastó un saludo

silencioso con la mirada,

ese lenguaje de los gatos que dice

lo que no pueden las palabras.


Algún día dominaremos el mundo

y los liberaremos a todos, pensó

el gato en situación de calle.


A ellos, los que se creen dueños,

no los encerraremos: no hace falta,

ya tienen lo suyo.


Hay cosas que nosotros no podemos

cambiar. Los gatos sólo podemos

cambiar el mundo.

 

martes, 17 de febrero de 2026

Allegro ma non tropo

 

 

(Alí Carnazo)

 

Desentonan a tiempo

entre el tronar de los destronados

que esperan escarmiento.


Trizas que destiñen como copas

de árboles extintos. Nidos truncos,

desterrados en legítima defensa,

completan el paisaje.


Lo que no se ve, hay que imaginarlo:

Destinos que larvados reverberan

con sus lazos luminosos apagándose.


No quedan huellas, ni residuos

de la oferta y la demanda.


El vuelo humilde de un neófito

vuelve a pasar inadvertido

para los enterradores de turno:


Ellos sólo piensan en cadáveres,

su fuente de trabajo y la única

segura.

 

 
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