(Elpidio Lamela)
Me despertó la sospecha
de haberme quedado dormido
y que fuera tarde.
No era tarde, fue una falsa
alarma y no era tarde para
retomar el sueño.
Es difícil retomar los sueños:
No recuerdo ningún intento
que no haya fracasado.
Lo mismo pasa con algunas
ideas brillantes que aparecen
en el sueño. Uno se regocija
en su sueño:
Ésto merece escribirse; mañana
lo escribo. Y cuando llega ese
momento no hay nada, o lo que
quedó, no es lo que parecía.
Pero podía volver a dormir,
pensé: Si no fuera por esa falsa
alarma, me habría ahorrado estos
pensamientos inútiles y estaría
aprovechando este tiempo para
dormir.
El estado de reposo lo resuelve
casi todo, y está libre de sospehcas:
Basta relajarse y abandonarse, a
diferencia de otras necesidades que
exigen una participación más activa.
Es un estado misterioso, el reposo:
Se parece a la muerte, una relación
sobre la que muchos escribieron
mucho. Yo también podría hacerlo:
No tengo por qué privarme ¿Pero
para qué? ¿No sería mejor dormir?
La diferencia es que uno se entrega
y abandona al sueño, con la sospecha
de que todo volverá a la normalidad,
para repetirse secuencialmente, como
siempre.
Alguna vez, el reposo vencerá
y habrá de prolongarse en el tiempo
definitivamente: Es todo lo
que sabemos y la única certeza.
El problema del sueño, es que pasan
cosas que están fuera de control, sean
agradables, placenteras, o lo opuesto.
No se puede elegir, y todo lo que está
fuera de control es sospechoso.
Pero nadie sospecha del que duerme.