(Enzo Brando)
El
93% del ojo es agua.
Algunos
ojos más aguados
que
otros, el agua explica
todo
lo que vemos.
El
agua nos mira:
Detrás
de esos lentes
culo
de botella del estadígrafo
hay
un fondo de agua
que
asemeja a todos los seres
provistos
de ojos.
No
todos nos miran, ni nos ven,
hay
distintas miradas sobre el agua.
¡Sonríe,
te estamos mirando!
Un
río de ojos nos refleja y advierte:
Ojo,
hay ditintas miradas sobre y
bajo
el agua.
Un
diente de oro puede reemplazar
al
que perdimos, mientras que un
ojo
de oro no sirve para ver nada,
aunque
tiene su valor.
¿El
agua vale más que el oro?
No,
señora, si fuera así las grandes
corporaciones
estarían acumulando
agua
y toda el agua dulce disponible
tendría
dueño.
Para
el que mira sin ver,
el
agua es agua nomás.
¿Qué
mas que un recurso natural
no
renovable o un fluido vital y
móvil?
Ha
corrido mucha tinta sobre el agua,
pero
si se mira bien un espejo de agua
vemos
nuestros rostros, con sus ojos
de
agua que nos miran.
Es
improbable que desaparezca el agua,
ella
estuvo mucho antes que nosotros
y
todos los organismos que conocemos
y
consumimos con normalidad.
Podemos
negociarla, degradarla, purificarla,
hervirla,
congelarla y contaminarla, pero no
mucho
más que eso.
Algún
día, todo se evaporará definitivamente
sin
que nuestros ojos puedan verlo.
Por
ahora, el agua fluye y circula con toda
normalidad,
dulce o salada y se esperan otras
opciones
provenientes del desarrollo sustentable.
El
río de ojos sigue su curso, y fluye como todo
lo
que se ve.
Todos
los ojos son del agua, con sus lágrimas
sinceras
o impostadas. Hasta el Ojo panóptico
de
Dios y el ojo del piojo resucitado, con su
hachazo
portátil a la vista y el ojal florecido.