(Carlos Inquilino)
En función de los cambios
que se vienen produciendo
en forma sucesiva, no se puede
hacer mucho más que aceptar
o rechazar, y adaptarse a las
nuevas condiciones.
Algunos cambios son necesarios,
otros no. Sabemos que pueden
ser buenos, malos o engañosos.
Aunque se da por aceptado que
todos desarrollan la capacidad de
adaptación, algo reconocido y
aceptado como útil.
Hasta los engañosos son útiles:
El engaño no existiría sin la utilidad,
no nos engañemos.
Se puede ser selectivo: Sólo acepto
aquellos cambios que me resultan
funcionales. Después, somos libres
de cambiar. ¿O no?
Volvamos al principio:
Al rechazar un cambio impuesto
y aceptado socialmente entre comillas,
podemos ganar el rechazo de aceptantes,
adoptantes y adaptados, es decir:
Hay que adaptarse a esta condición
y aceptar el rechazo que emitimos
por diferenciarnos.
Luego, la adaptación es siempre
inevitable, en ambos sentidos.
Es mejor negociar, ahorrar el conflicto
inútil y mostrarse funcional,
hasta alcanzar la adaptación deseada
y definitiva.