(Alí Carnazo)
Los
resentidos
son
parte de la oposición,
con
mayor o menor fundamento,
una
parte importante.
Los
fundamentos suelen ser tan
provisorios
como refutables,
aunque
siempre necesarios
como
recurso renovable.
La
función histórica del resentido
es
insoslayable y necesaria,
en
un sentido u otro.
Opositores
hubo siempre,
y
para ser justos, hay que reconocer
su
papel esencial en toda la aventura
humana,
en su periplo evolutivo.
Provenimos
de la oposición:
El
primer gran salto cualitativo
que
diera lugar a nuestra especie,
fue
oponerse y confrontar contra
la
reproducción por división, para
alumbrar
la división en sexos opuestos.
Eso
disparó el intercambio genético
y
la selección natural, desarrollando
nuevas
especies que, al oponerse unas
a
otras en la lucha por la supervivencia
y
la supremacía, impulsaron la evolución
de
la carrera armamentista.
Más
tarde, cuando todavía éramos animales,
otra
oposición trascendente nos eyectó
definitivamente
del chiquero compartido,
hasta
entonces, con animales inferiores:
El
pulgar oponible nos catapultó a la cima
de
la gesta evolutiva, y nos hizo invencibles.
Ya
sin oposición, esta criatura incipiente,
joven,
dinámica y emprendedora, entendió
que
no podía dormirse sobre sus laureles
y,
lejos de descansar, se empeñó en desarrollar
las
fuerzas productivas y en generar su propia
oposición:
Dos
condiciones necesarias para no estancarse
y
seguir creciendo.
La
oposición, esencia de la contradicción
o
lo inverso, es lo que activa la tensión
indispensable
para producir evolución:
Sin
competencia no hay desarrollo:
Esta
premisa es fundamental para entender
que
si podemos ser cada vez más competitivos,
lo
debemos a la oposición.
Resentidos
del mundo ¡Uníos! No parece
una
consigna feliz, seguramente tendrá sus
detractores.
Por eso preferimos omitirla.
Pero
alguna vez tendrán su lugar
en
la Historia, y serán reconocidos
como
los verdaderos productores
de
sentido útil, para la evolucón.