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miércoles, 4 de febrero de 2026

Usos y aplicaciones

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Usaba uvas como habas

sin contratiempos.


Aunque también, por el contrario,

usaba habas como uvas.

si era el caso: No se rehusaba.


Sabía lo que usaba, no le daba igual

y sabía que no es lo mismo usar uvas

como habas, que habas como uvas.


Conocía los usos, funciones

y propiedades en todas sus opciones

funcionales.


Podía usar habas como uvas

sin perder ubicación en el sentido

habido, que es uno e indistinto:


Funcionaba. Sabía qué funciones

y ritmos toleran la inversión, y

usaba lo que sabía que funcionaba

para repetirlo.


Fueran uvas o habas, desdeñaba

a Pitágoras como a los escolásticos

y los presocráticos.


Sabía cómo usar lo que funcionaba

para repetirlo: Así es como funcionan

los hábitos, los hombres y las habas

que se cuecen como uvas maduras.


Sabía más de lo que usaba

pero no usaba más de lo que sabía:


No se rehusaba a invertir y repetir

esta función, pero no abusaba.

 

La proteína silvestre

 

(Periferio Gómara) 

 

La proteína silvestre es rica

en beneficios y propiedades

naturales.


Aunque hay que tomar algunas

precauciones para su consumo:


Nada es del todo saludable

para todos.


Esta proteína no es la excepción,

tiene sus contraindicaciones:


salvo que sea tratada y elaborada

con los proceos adecuados para su

adaptación, sólo resulta apta para

organismos naturales o asilvestrados.


Sin esa condición, su consumo está

restringido.


Se trata de evitar las consecuencias

de los consumos problemáticos, un

criterio saludable para los consumidores.


Nada es consumible para todos.

 

martes, 3 de febrero de 2026

Sentimientos animales

 

 

(Carlos Inquilino)

 

El sentimiento en humanos

es ambiguo y provisorio:

Está sujeto a condiciones

espacio temporales, entre otras.


Tal vez el amor materno

sea el único incondicional,

pero la madre es provisoria,

podemos afirmar, y tarde o

temprano nos abandona.


En cuanto al amor propiamente

dicho, para quienes creen en sus

propiedades, tiene un momento

de intensidad. Luego declina y

se desdibuja, para transformarse

en otra cosa.


Otra cosa ocurre en los animales

no humanos: Gatos y perros nos

profesan un amor incondicional

hasta el último suspiro.


La diferencia entre ellos, radica

en el uso del sentido de pertenencia:

El perro siente que nos pertenece,

el gato, que le pertenecemos.


En ambos, el amor se verifica y

permanece inalterable en el tiempo:


No es casual que existan tantos poemas

dedicados a ellos. Yo tengo un libro:

Cien poemas de gatos”, y seguro que

hay muchos más (Yo mismo escribí

algunos)


Pero nosotros renegamos de la condición

animal, y no pertenecemos al reino de lo

incondicional.


Somos animales más complejos, con un

sentimiento de propiedad muy desarrollado,

aunque el sentid de pertenencia suele ser

provisorio, no podemos prever su duración

porque no la conocemos.


Es un sentido engañoso: Hay quienes siendo

parte de una clase, sienten que pertenecen a

otra.


Como ejemplo provisorio, conozco personas

que reconocían pertenecer al campo popular.

Cuando ese campo fue manipulado y alterado

genéticamente, se encontraron en una situación

incómoda y paradojal:


El campo popular los había abandonado

y no sabían a qué pertenecían, ni a qué

pertenecer. La contaminación sustentable

era irreversible.


La liberación de las fuerzas productivas,

el desarrollo de las industrias del conocimiento

y los recursos semánticos de diseño, redujeron

todas las aspiraciones populares al dudoso

discurso populista.


El pueblo dejó de percibirse como sujeto

histórico y producir sentido de pertenencia,

para pasar a ser un significante sospechoso.


¿Hubo traición o defección en la conducción

populista? ¿O hay que leerlo como otra muestra

de nuestra condición humana, con sus pasiones

efímeras y sentimientos pasajeros?

 

lunes, 2 de febrero de 2026

¿El último discurso propio?

 

 

(Florencio Cusenier)

 

Les habló con el bolsillo

y le contestaron con el corazón.


Pensó que los tenía en el bolsillo

y se agrandó, se agrandó, así:


con esa grandilocuencia inigualable

propia de los grandes, esos líderes

que interpretan el sentimiento de su

pueblo y las necesidades que los unen.


Cada palabra que encadenaba

en su discurso por cadena oficial,

lo agrandaba más. Los tenía en el

bolsillo, pensó.


No sólo pensó, también sintió:

en ese orden.


Esa grandeza lo elevaba por encima

de cualquier líder popular que se le

pusiera a la par, que no eran muchos.


Sólo los grandes líderes consiguen

esa identificación hecha pasión, esa

respuesta unánime y unimembre:

¿Qué otra cosa es la unidad?


Pensó mientras continuaba agrandándose

como un bolsillo infinito. Pensó y sintió,

en ese orden:


Un verdadero líder no se hace, nace

y luego crece como el sentimiento popular

que sólo un líder como él puede conducir

y controlar. 


Ya no necesitaba elevar el tono de la voz

para seguir creciendo, agrandándose, y

embolsar esa adhesión incondicional 

y masiva de su pueblo.


Era el elegido, sólo él, el único capaz de

expresar en su voz, y su sonrisa carismática

la voluntad popular. Pensó y sintió, en ese

orden.


Y se agrandó otro poco, se agrandó tanto

que el bolsillo se hizo corazón y comenzó

a latir como si fuera un compañero.


Un corazón que no paraba de crecer

y se movía con grandeza, tan grande que

no le cabía al cuerpo, ni a ninguno de sus

bolsillos.


Un corazón, pensó: Esa tripa, pensó:

Esa víscera ridícula que un buen día

explota y chau. Pensó, sintió, en ese

orden.


(Primero hay que pensar, después sentir,

y al fin andar sin argumento)


Los sentimientos populares son inexplicables,

como todos, pensó para sí, poseído por esa

grandeza inconmensurable que supo unir

a tanto desposeído. 

 

domingo, 1 de febrero de 2026

Desorientación vocacional

 

 

(René Gociarte)

 

El saltimbanqui se atragantó

con un quinoto de quinta,

eso lo desorientó:


Primero perdió la marca

y después se aspiró como

los viejos que no controlan

esfínteres.


Ahora deambula por ahí

en avanzado estado y sin

conciencia de la gravedad.


Salta y se eleva sin ningún

sentido para un público que

sólo existe en su imaginación,

si es que existe.


A veces se eleva tanto, que

después no baja y queda

suspendido como un pájaro


sin peso, condenado a ver

el mundo desde arriba, sin

aspiración ni conciencia de

la gravedad de la falta.


La desorientación puede empezar

en cualquier parte, y dispararse

con cualquier cosa como un

quinoto de quinta.


Sus piruetas a esta altura se verían

ridículas, pero ni se ven: a nadie

se le ocurre mirar tan alto.


La vida de un saltimbanqui es azarosa.

Otro gallo cantaría si se hubiera

buscado un trabajo digno, o un trabajo

al menos.

 

sábado, 31 de enero de 2026

¿Son necesarios los signos de debilidad?

 

(Lucanor Armas)

 

 

Estaba en condiciones de arrepentirme

pero me arrepentí: Fue un momento de

debilidad que me tomó desprevenido.


Ya me había pasado. Gracias a contar

con esa experiencia, pude controlarlo y

lo superé.


Ahora no me arrepiento de nada,

ya aprendí. Somos libres de repetir

errores y controlar las debilidades.


El desarrollo de nuestros propios

mecanismos de control, nos fortalece

y nos torna más seguros, expandiendo

la capacidad de aceptación y liberando

las fuerzas productivas.


Arrepentirse es un signo de debilidad

y no produce nada. Dentro de los signos

de debilidad, es uno de los más débiles.


De los débiles no hay nada que aprender,

no sabemos si se arrepienten de serlo:

Hay cosas que no podemos controlar.


Sólo los fuertes son libres: Pueden

repetir errores y controlar debilidades

sin contradicción.

 

viernes, 30 de enero de 2026

¿Querés ganar más?

 

 

(Gualterio Whiteman)

 

Sólo podemos ganar

cuando la mente es más fuerte

que nuestras emociones.


Con las emociones

no se gana nada:


Si no podés bloquearlas o

eliminarlas, aprendé a controlarlas:


Sí, se puede, y funciona.

Es cuestión de voluntad y método

con la práctica adecuada:


Quienes completaron nuestros cursos

de autocontrol asistido por Inteligencia

Artificial, no paran de ganar.


Controlá en forma integral todo

tu capital emotivo, no dejes pasar

esta oportunidad.


Vos también podés ser un ganador.

Pensalo fríamente:


No todos pueden ganar, pero

con las emociones no se gana nada.


Lo importante es competir,

y competimos para ganar:

una emoción sin competencia.

 

 
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