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jueves, 23 de abril de 2026

El saludo al sol

 

 

(Serafín Cuesta)

 

No está solo quien saluda

al sol, a su sombra

o al soldado desconocido.


Un soldado solo no sirve

para nada;  necesita, al menos

un superior y una bandera

a quien saludar.


Las banderas son todas saludables,

aunque algunas son superiores,  y

saben estar solas si nadie las saluda.


Salvo aquellas que contienen soles,

satélites o un número de estrellas.


El sol supo estar bastante solo

siempre, hasta que empezó a recibir

saludos y más saludos, mayormente

dudosos, como toda emisión humana.


A él no le afectaba la soledad,

porque no sabía que estaba solo,

aunque sabía estarlo:


Hay cosas que es mejor no saber.


En realidad, el sol no parecía necesitar

nuestro saludo, y es presumible que

con el tiempo se haya cansado de tanto

saludo vano, vacuo de desconocidos.


Lo excesivo se vuelve fatigoso

y al final cansa. Nosotros lo seguimos

saludando religiosamente, como buenos

soldados.


Sabemos que un soldado solo

no sirve para nada, salvo el soldado

desconocido, que sirve para rendirle

tributo y saludarlo, como a la bandera,

 

 y el soldado que huye en busca de mejor

destino bajo el sol, en solidaridad con

todos nuestros ancestros desertores. 

 

La adaptación y la fe ¿Un salvavidas?

 

 

(Alcides Ovando)

 

Los anabaptistas eran reacios

al uso del anacoluto.


No proscribían la abstinencia

pero durante sus abluciones

matinales, aprovechaban pata

bautizar a cualquier mortal

que anduviera cerca.


En esos tiempos, no se habían

desarrollado las precauciones, ni

los anticuerpos que hoy gozamos.


Ésto hizo proliferar el número

de bautismos involuntarios, así

como de bautizados apócrifos

o que no se autopercibían.


Pero los anabaptistas estaban bien

adaptados y confiaban en el trabajo

de la educación, para que todo el

mundo pudiera adaptarse a todo,


con las correcciones dogmaticas

necesarias: Hay cosas que sólo

se aprenden con el tiempo, como

el uso del anacoluto.

 

miércoles, 22 de abril de 2026

Una oferta moderada

 

(Nabel Pintos)

 

¿Quién dijo que todo está perdido?

Yo vengo a ofrecerme con moderación.


Como moderador, hay que ser objetivo,

neutral y no tomar partido, más que por

la verdad. El resto es negociable.


¿Quién dijo que todo está partido

y no hay nada que compartir, fuera

de la deuda pública y soberana?


Como moderador no soy un improvisado

y estoy dispuesto a ofrecerme al mejor

postor, pastor o emprendedor ocasional.


¿Quién dijo que todo está perdido y no

tenemos nada que perder?


A ver, levanten la mano los que estén

a favor…


Bueno, parece que hay consenso,

no hay mucho que negociar:


El resultado es positivo, el consenso

siempre merece celebrarse.


Festejen con moderación.

 

lunes, 20 de abril de 2026

Lo que sabemos del pueblo

 

 

(Aparicio Custom)

 

¿El pueblo quiere saber?


-No sé, algunos saben más

que otros, pero se sabe que

saber demasiado es peligroso

y muchos no quieren saber nada.


¿El pueblo no sabe lo que quiere?


-Es un problema la falta de

conocimiento, la sabiduría popular

tiene sus limites, hay que reconocer

que todo sujeto los tiene, aunque no

tenga otra cosa. Pero el pueblo ni

sabe qué es el pueblo.


-Es un sujeto difuso, disperso, lo que

lo hace más sospechoso que otros.

Estimo que por eso está perdiendo

presencia y protagonismo histórico.

Ahora lo reemplazó el campo popular.


-Y es todavía más sospechoso:

Desde que el campo fue modificado

genéticamente, la manipulación se

expandió a todas partes, al éxito no

se lo cuestiona. Ya no somos los mismos

ni las palabras tienen el mismo valor,

ahora son recursos, como nosotros.


-¿El campo popular es otro recurso

retórico para engañar al pueblo?


-El engaño ya funcionaba, pero ahora

contamos con recursos para hacerlo

sustentable. Todo sujeto que carezca

de límites bien definidos, es sospechoso.


-¿La producción de conocimiento sirvió

para desarrollar esas herramientas que

optimizan la manipulación?


-Bien, el conocimiento es un bien

acumulable, transable, capitalizable

y goza de otras propiedades. Tiene

su valor como inversión y como producto.

Ahora se habla de las industrias y la

economía del conocimiento ¿Qué le dice

todo eso?


-No sé, yo soy del pueblo, soy uno de nosotros.


-Vea, uno puede saber poco, o mucho, pero

no alcanza, nunca es suficiente para estar seguro

y librarse del engaño. Lo más importante, es

saber decir que no ¿Lo sabía?


-No.


-Bueno, ahora no puede decir que no lo sabe.


-No, no puedo decir que no.

 

domingo, 19 de abril de 2026

Hablemos de mi

 

 

(Epifanio Weber)

 

Deseaba que leyera su poema,

me confesó, y si bien no era

lo que deseaba, lo hice para

complacerlo:


Los jóvenes buscan el estímulo

de sus mayores, y no perdía mucho:

El volumen del pretendido poema

era bastante discreto.


Hubiera percibido su deseo, aunque

no me lo confesara como lo hizo.

Braulio es un poeta confesional,

un aspirante que está haciendo sus

primeras armas.


Esperaba ansioso mi devolución.

Al cabo, todo lo que hacemos los

humanos es para que otro lo apruebe,

o lo acepte.


Es aceptable, Braulio. Pero tu poema

dice más de vos que de mi…


Sí, yo siempre hablo de mi para ser

sincero, es lo único que conozco.


Mirá, el poema no es un medio para

producir o reproducir conocimiento,

falso o verdadero. Esas funciones le son

tan ajenas como a los otros tus poemas.


Eso no interesa, el lector se acerca

al poema para descubrir otras cosas:


Eso que no existe afuera del poema

y que, al entrar en él, le permita

identificarse con algo suyo y propio

que no conocía.


-Bueno, yo no puedo hablar

de lo que no conozco, pero no sé…


No hay que saber nada, al poema no

le importa lo que sepas ¿sabés?


El entramado de sensaciones y sentidos,

la relación entre significantes desafiando

el orden de la necesidad, donde sonido y

sentido cobran otro valor, que es propio

del poema.


Todo eso y otras cosas entran en ese juego

que el autor articula para que sea el poema,

esa relación especular, donde el lector se ve

reflejado y se reconoce como parte.


-¿Y qué hago conmigo?


Nada, hay que sacar los pies del plato:

Hablemos de mi, sería un buen título

para un poema. Pero después hay que

hacerlo, ese es el problema:

 

¿Creés que alguien lo vaya a leer? 

 

alianzas estratégicas

 


(Amílcar Ámbanos)

 

Aliados abnegados como hormigas,

hormigas alineadas aliadas

o enemigas que resbalan, se escabullen

de los dedos como alianzas jabonosas

o agua sin beber y sin fundamentar.


Aliados alelados como hormigas

voladoras que se elevan altamente.

Aliados elevados a la divina potencia

de la sana providencia: nuestra aliada.


Aliados invisibles, divisibles, devastables

transpiran transparencias subvaluadas

¿para que otro venga y las subvierta

con valor y subordinación concomitante?


Militantes del mundo ¡uníos!

Uníos los unos a los otros,

no hace falta un comandante.  

 

Uníos sin líderes ni causas, por fuera 

de toda causa que merezca liderarse, como 

hormigas abnegadas, muertas o vivas.


Aliados verdaderos de la gloria.

Aliados de la gloria verdadera,

pasajera como el vaivén de las hormigas

que vienen y van, de casa al trabajo

y del trabajo a casa.


Van y vienen en actitud sospechosa.

¡Oh, militante! Aliado o enemigo

¿El hormiguero fracasó?


Lidérate a ti mismo: Seamos líderes,

que los demás no importan nada.


Tenemos todo por importar.

 

sábado, 18 de abril de 2026

La ameba y el amor

 

 

(Pandora Williams)

 

Éramos pocos y parió la ameba.


-¿Perdón?


Bueno, no éramos, pero estaba la

ameba primigenia, madre reconocida

de toda la evolución y la selección

natural, y estaba sola, y parió.


-¿Perdón?


-Bueno, se dividió: no tenía otra opción

para parir. Estaba demasiado sola como

para aparearse para parir.


-¿Perdón?


-Está bien, no fue una parición propiamente

dicha, pero se reprodujo por división, que

era la única forma en que podía parirse.


-¿Perdón?


-Vea, al dividirse la ameba también se pare

a sí misma y se hace par, se duplica, que es

una forma de multiplicar y a partir de ahí

empieza todo


-¿Perdón?


-Arrancamos de ahí, a nosotros nos costó

miles de años conocer las propiedades de

la división y aprender a dividirnos como

Dios manda.


-¿Perdón?


-No seamos necios, estamos bien divididos

y esa evolución sólo fue posible a partir de

la ameba, esa célula madre que nos parió, y

gracias a la cual estamos acá, cambiando

estas palabras.


-¿Perdón?


-Bueno, sí, el intercambio desigual está

históricamente aceptado y adoptado como

el más útil. La evolución demostró que

las relaciones asimétricas impulsan el

crecimiento de la economía y son las más

apropiadas para el desarrollo.


-¿Perdón?


-Perdonemé: el desarrollo sustentable, que

expresa la evolución alcanzada. La misma

que nos hizo capaces de pedir perdón, y

perdonar a nuestros deudores, lo que nos hace

únicos e irrepetibles.


-¿Perdón?


-Bueno, tampoco podemos perdonar todo,

no somos dioses, pero al menos sabemos

pedir perdón: Ningún otro animal lo hace,

que yo sepa.


-¿Y qué sabe de los animales?


-No mucho, pero creo que todos los animales

merecen nuestro perdón, aunque no sé si son

capaces de perdonarnos, ni si lo merecemos.

 

 
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