(Manuel Santos Lupanares)
Ilegítimas islas
de carne y decimales,
clavículas y sueños
amigables enclavados
como húmedo deseo
que se hunde.
Flota el vapor,
ese humo humano que respira
el mundo consumiéndose
en unidades que se unen
para reproducirse
y reconocerse múltiplos,
submúltiplos, cocientes.
Ningún número es definitivo,
se reproducen en hacinados
círculos y fecundos fermentos
de dudosos ácidos.
Algunos matan para sobrevivir,
la necesidad no tiene moral
ni ética. Otros no necesitan matar
para obtener energía cinética.
La ecuación no cambia:
Desde que sabemos, la vida
se ha alimentado de la muerte.
Legítimas ínsulas
de carne carnívora y decimales
estofados, a la sazón, aptos
para el consumo humano.
El humo no precipita, se mantiene
estable para que aisladamente
respiremos y cada uno despelleje
su futuro.
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