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viernes, 1 de mayo de 2026

Elogio y loa al sistema

 

 

(Abel A. Borda) 

 

Todo lo útil, provechoso

y provisto de interés, así como

todo aquello que facilita la vida

y la enriquece, es producto

de la sistematización.


Sintetizando, podría decirse

que todo lo bueno proviene

de un sistema.


La práctica sistemática de una

actividad cualesquiera dada,

pública o privada, produce

mejores resultados.


La producción de sistemas

no se detiene, y es uno de los

rasgos evolutivos exclusivos

de nuestra especie.


Nuestros sistemas más avanzados

tributan al sistema binario.


Un sistema es una organización

inteligente que economiza recursos

para obtener un fin determinado,

disponiendo los elementos y sus

movimientos, de modo de reducir

la pérdida de tiempo y energía en

el cumplimiento de funciones:


Una síntesis acabada del desarrollo

útil, que permite ahorrar esfuerzos

y avanzar en la carrera evolutiva

superando distintos desafíos.


La utilidad del desarrollo, radica

en el crecimiento de la economía

y en la riqueza del conocimiento

que produce.


El desarrollo de la utilidad

no tiene un fin preciso,

y es probable que no tenga fin:


La naturaleza humana es ajena

al conformismo, todos sabemos

que podríamos ser más útiles.


Todo lo bueno, tanto como lo útil,

tributa a algún sistema, que podría,

incluso perfeccionarse.


Hasta para escribir un buen poema,

quien lo emite se ajusta a un sistema,

aún cuando no lo sepa.


Es mejor saberlo: Ignorarlo no elimina

la dependencia creciente de los sistemas

que creamos, ni de los otros.


No se puede vivir fuera del sistema,

quien lo probó lo sabe.


Se calcula que cuando todo esté

debidamente sistematizado,

nos sobrará el tiempo para disfrutar

la vida útil.

 

Testamento poético

 

 

(Asensio Escalante)

 

Era un poeta prolífico.

Tanto, que producía hasta

en su tiempo libre.


Por ser tan prolífico

no hacía tiempo para corregir.


La inspiración es así, hay que

estar disponible y obedecer,

pensaba. Las correcciones

pueden esperar, nunca es tarde.


Era tan prolífico que a veces,

mientras escribía el último

poema, ya había terminado

otro.


Al final, el exceso de productividad

le jugó en contra, como suele ocurrir

con casi todos los excesos:


Murió sin haber podido corregir

nada, y ahí quedaron sus poemas

incorrectos.


Sin embargo, parece haberlo avizorado

y dejó un mensaje: No pude, el tiempo

no alcanzó. Lo siento, dejo a otros

el trabajo sucio.

 

 
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