(Pascual Rambler)
Una multitud enemiga
había ganado la calle y avanzaba
fuera de control, desconociendo
edictos policiales, protocolos y
normativas elementales de la
civilidad, amenazando la seguridad
pública.
Las autoridades legítimas, lograron
refugiarse y permanecían acuarteladas
en dependencias militares, a la espera
de que las fuerzas del orden y los
organismos de seguridad disuadieran
a los inadaptados y restablecieran el
orden.
Después, la Justicia proveerá las medidas
necesarias, y el escarmiento para que esos
desórdenes no se repitan en el futuro.
Los enemigos del orden, han de tener
su merecido: Sin orden no hay progreso
ni futuro.
El bien y el mal son los únicos valores
que dividen a los hombres, y es preciso
que los límites sean claros y taxativos.
Todos sabemos que hay órdenes más
y menos justos, y que la perfección
no existe.
Pero el bien común es tributario del orden,
y mantenerlo es compromiso de todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario