(Asensio Escalante)
Era un poeta prolífico.
Tanto, que producía hasta
en su tiempo libre.
Por ser tan prolífico
no hacía tiempo para corregir.
La inspiración es así, hay que
estar disponible y obedecer,
pensaba. Las correcciones
pueden esperar, nunca es tarde.
Era tan prolífico que a veces,
mientras escribía el último
poema, ya había terminado
otro.
Al final, el exceso de productividad
le jugó en contra, como suele ocurrir
con casi todos los excesos:
Murió sin haber podido corregir
nada, y ahí quedaron sus poemas
incorrectos.
Sin embargo, parece haberlo avizorado
y dejó un mensaje: No pude, el tiempo
no alcanzó. Lo siento, dejo a otros
el trabajo sucio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario