(Alí Carnazo)
Hay mucha indecisión
dando vueltas entre nosotros.
No podemos hacernos cargo
de todo lo que nos rodea.
Pero hay que decirlo de una vez
y sin rodeos: Los indecisos son
injustamente valorados, y cargan
con esa falta como si fuera su culpa.
No es una buena decisión culparlos
ni culpar a nadie por lo que no hace.
Por el contrario, casi todos nuestros
males son consecuencia de quienes
han hecho lo que hicieron, y hasta
se vanaglorian de sus decisiones.
Hay mucho que aprender del indeciso:
No es tanto lo bueno que debemos a
alguna decisión, como lo cuestionable
o dudoso.
En el campo de batalla, dependemos
de nuestras decisiones. Allí cobran
un valor excluyente: Una decisión
incorrecta puede costar la vida a quien
la emite y a sus subordinados:
No es nunca seguro, ni aconsejable
subordinarse a decisiones ajenas.
Fuera de la zona de conflicto, es mejor
ser cauteloso y no precipitarse:
Hay decisiones que no tienen retorno.
La incapacidad de decisión, no es sino
un prejuicio ideológico, montado por
aquellos que suelen imponernos sus
decisiones arbitarias:
Los mismos que no vacilan en afirmar
que el mundo es de los que deciden.
Yo me reservo la opinión,
prefiero pecar de reservado.
El único problema de los indecisos,
es que al prolongar la vacancia de’su
decisión, suelen ser objeto de decisiones
ajenas, que raras veces los benefician.
El beneficio de la duda, es bastante
acotado en ese sentido.
Pero no podemos culpar a los indecisos
por no pronunciarse, ya es bastante con
el prefijo negativo que tienen que cargar.
Si algo son, son inocentes. Deberíamos,
tal vez, aprender a vacilar como ellos y
así evitaríamos males mayores.
Los indecisos tienen mucho que enseñarnos,
cuando se decidan.
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