(Horacio Ruminal)
Los ejes envejecen,
como las arandelas
y los cuerpos cavernosos.
Es ocioso pretender mantener
el eje de un cuerpo temporal
o de un discurso como éste.
Los discursos hegemónicos
tienen los días contados
con los dedos:
Todos los dedos envejecen,
te podría contar.
Contame algo que no sepa,
me pidió mi hijo empoderado:
La culpa no es del chancho,
criatura inocente y abnegada;
la culpa es mía:
Los dejás que se empoderen
y se creen que se las saben
todas.
Después crecen y envejecen
como ejes, con sus linajes
cavernosos, envueltos como
niños inexpertos en discursos
descartables como éste, o en
otros cuerpos que no cuentan..
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