(Florencio Cusenier)
Era un hombre de buen pie,
tenía técnica y habilidad
con la pelota y podía resolver
en espacios reducidos.
Pero no sabía jugar sin pelota,
ubicarse con sentido productivo
ni ocupar espacios.
Cuando se proyectaba, se insinuaba
peligroso, pero no terminaba nunca
la jugada porque siempre quedaba
inhabilitado.
La habilidad no es todo, en el juego.
No alcanza con ser un dotado para
el buen juego, ni tener buen pie
para no quedar fuera de juego.
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