(Wilmar Bordenave)
Para un verdadero poeta,
la crítica es tan elemental
como esencial.
Empezando por la autocrítica,
una capacidad que no todos
poseemos, pero que se puede
desarrollar.
Así pensaba Oliverio Troncoso,
un poeta que confiaba en el
pensamiento crítico por sobre
todas las cosas:
Para ser poeta, antes hay que ser
un crítico.
Con esta convicción escribía y
publicaba sus escritos aquí y allá,
inundando las redes sociales y los
distintos sitios virtuales abiertos
a tal fin y frecuentados por poetas
de distinto calibre.
Como resultado, recibía andanadas
de críticas más o menos feroces, unas
más justas que otras:
Tanto de poestas que snetían que
degradaba su oficio o arte monótono,
como de iniciados, aficionados o meros
lectores ocasionales que se sentían
defraudados por la lectura.
Todo suma, pensaba satisfecho Troncoso,
mientras seguía cosechando críticas y
desaprobaciones que incrementaban su
colección.
De la crítica, es de donde más se aprende,
si se la sabe asimilar y capitalizar. No sé
si llegaré a ser un poeta reconocido, pero
mi pensamiento crítico se va a desarrollar
hasta ser irrefutable.
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