(Serafín Cuesta)
Desconfío de las nuevas
vocaciones. Hay muchas,
nombrarlas sería fatigoso.
No tengo vocación para las
enumeraciones ociosas, ni
por el trabajo repetitivo:
Casi todos lo son y repito:
No tengo vocación por el
trabajo.
Desconfío de los que se desloman
por vocación, equivocación, o
por falta de oportunidades para
acceder a otra vocación.
Si yo fuera un influencer, o un
coaching ontológico reconocido,
promovería una discusión más
profunda sobre el concepto de
vocación.
Y otra sobre el concepto de trabajo
y ek sentido último de su valor,
a partir de su etimología.
Pero esas vocaciones me son ajenas,
como todas las que conozco.
No sé qué tienen en común
las vocaciones de poeta, escritor
y escribano.
Podría ser, tal vez, la defensa del valor
de la palabra. No estoy seguro.
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