(Encarnación Segura)
Un poco de carroña fresca,
incorporada a los hábitos cotidianos
de cualquier cristiano genérico
aumenta las defensas, mejora el ánimo
y estimula el metabolismo neuronal,
así como el sistema límbico.
Dios no niega a nadie un poco de su
carroña, un recurso natural del Diseño
Divino.
La fauna cadavérica es preexistente
a la fe, y tiene un papel fundamental
en toda la gesta evolutiva.
Aprendimos mucho de los animales,
y sin ese conocimiento no hubiéramos
podido superarlos y conquistarlos,
desarrollando un metabolismo superior
que produce conocimiento.
Dios es generoso cn sus criaturas:
A todas proveyó de alguna utilidad.
Incluso aquellas especies que nosotros
descartamos por inútiles, sirven de
alimento a otras que producen utilidad
para nuestro provecho.
Todo está contemplado en el Plan Divino,
que es perfecto:
Hasta la descomposición de la matera orgánica,
que es una fuente de vida, donde todo se reinicia,
así como nosotros nos reproducimos, renovando
la fe y agradeciendo nuestra carroña de cada día.
Es posible que la fauna cadavérica
nos sobreviva, todas las especies obedecen ciclos
y tienen una vida útil.
Un poco de carroña apta para consumo humano,
incorporada a los hábitos cotidianos
del cristiano sano, en forma natural y evitando
los excesos, aumenta las defensas, preserva el
buen funcionamiento de los órganos competentes,
estimula el deseo carnal y nos aleja de la rigidez
cadavérica.
Esa condición que habrá que atravesar, tarde o
temprano y sabemos inevitable: evolucionamos
hacia ella desde que venimos a este mundo, y es
parte del Diseño Divino y su plan perfecto.
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