(Asensio Escalante)
La ignorancia
electiva
es una herramienta
de supervivencia,
aumenta las defensas
y protege el sistema
autoinmunitario.
El poema también
puede ser
un ejercicio de
supervivencia
-lo que lo vuelve
útil, aunque se trate
de una utilidad
dudosa y acotada-
La ignorancia
electiva, una práctica
común en las
comunidades de sujetos:
somos conscientes de
que hay algo
que ignoramos, algo
hay que ignorar;
es natural, incluso
necesario, ignorar
una parte de la
realidad para poder
integrarse a otra y
compartir las ventajas
de pertenecer y los
placeres del intercambio.
La poética del
hábito
en función
terapéutica, libera al sujeto
de ciertas demandas
del mundo externo,
y de la necesidad de
tener futuro:
Un poeta debe saber
que no tiene
ningún futuro, para
poder concentrarse
en el presente: Una
realidad, no toda
realidad merece ser
representada, pero
el presente es lo
único que tenemos,
ignoremos o no.
La realidad
poética conoce límites.
La cantidad de
materia es estable, la
expansión es sólo
otra ilusión del capital.
En el orden interno,
el mundo sensible
aún ofrece alguna
resistencia, débil,
mientras la materia
poética parece reducirse.
No ignoramos: Sólo
sobrevive la debilidad;
toda experiencia
posible, expresa la debilidad
del ser destinado a
morir: expresiones cada
vez más débiles
nos acompañan hacia nuestro
destino final.
Toda experiencia
debilita,
sólo sobrevive la
debilidad.
Líneas tenues e
imprecisas
concurren y
sostienen la base
de nuevos horizontes
con la certeza
provisoria de la
causa y el efecto.
Se conoce: ningún
camino es único,
como ningún sentido
verdadero.
No hay más destino
que volver,
volver a cero,
vacilando seguro
hacia la meta.
Nada remite a algún
estado puro.
Nada resiste, nada
permanece,
el poema huye hacia
el futuro.
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