(Horacio Ruminal)
A la sombra de un tala
unté mi guante con ungüento
sacramental y me encomendé
a los dioses más reconocidos,
antes de celebrar el sacrificio
natural.
(El sacrificio, es algo natural,
como la inversión)
Un sacrificio es una inversión:
Nos privamos de algo, o alguien
esperando un beneficio superior
al valor ofrecido.
Toda vida contiene sacrificios,
pero es posible invertir:
Toda inversión es un sacrificio,
aunque podemos elegir qué sacrificar
(Elegir, es sacrificar otras opciones)
Venimos a invertir, en un tiempo limitado.
Sin sacrificio, no se consigue nada:
Venimos a conseguir, a obtener algún
beneficio (Si no, ¿cuál es el negocio?
¿para qué vendríamos?)
El tiempo, otra inversión que nos atrae,
contempla en silencio como invertimos
la vida, o lo que queda de ella…
No sabemos cuanto es, pero podemos
aventurar alguna inversión segura
o invertir en alguna aventura.
II
Lo más sensato es buscar una inversión
justa, que reduzca al mínimo el número
de víctimas necesarias para que la
inversión se justifique: Un sacrificio justo.
(No se invierte mucho en la justicia,
aunque se toman medidas, más y menos
justas: Todos somos víctimas y victimarios
en distinta medida. La justicia no puede
satisfacer a todo el mundo)
El tiempo puede invertirse en distintas
formas y sentidos, pero no es un recurso
renovable. El sabe poner fin a toda
aspiración, justa o injusta.
La inclinación al sacrificio es ponderada
como virtud entre nosotros, no así entre
las otras especies: Se puede confiar en
que es parte de la condición humana y
seguir desarrollando esta práctica natural
con entusiasmo, esperando obtener el
beneficio evolutivo correspondiente.
III
Una vida de sacrificios, tiene más valor
que una dedicada al goce, el ocio y otros
vicios.
(Hay que distinguir entre el valor de cambio
y el valor de uso)
Lo único seguro: ambas terminan en polvo.
Algo hay que sacrificar, para seguir
evolucionando. Todavía hay bastante:
El sacrificio es una buena inversión,
quien no sea capaz de sacrificarse
invirtiendo, al menos debiera procurar
atraer la inversión externa.
IV
Es tarde, ya no necesito sombra;
la luna menguante, reflejada en la hoja
de mi alfanje, alumbra mi guante
untuoso y expectante:
Todavía no decido a quien sacrificar.