(Abel A. Borda)
Ya no se habla del
mundo libre,
a partir del fin de
la guerra fría
pasó a ser un
anacronismo:
ya no hay mundo
libre
ni cortina de hierro.
ni cortina de hierro.
¿Adónde está la
libertad?
Se preguntaba un
músico popular
hace más de
cuarenta años
haciendo uso de
cierta libertad.
La libertad de
expresión se impuso
como valor de uso:
cada cual puede
expresar su opinión
con libertad,
aún cuando no tenga
opinión formada
o carezca de opinión propia -y sólo
tenga una opinión formada-
o carezca de opinión propia -y sólo
tenga una opinión formada-
La libertad es un
término muy amplio:
el sujeto libre
sigue siendo una contradicción
retórica. No se
puede aspirar a una libertad
absoluta: conocemos
límites.
Aunque gozamos de
ciertas libertades:
libertad de
comercio, libertad de culto,
de vientres y del
libre juego de la oferta
y la demanda ¿Hace
falta más?
Tenemos el derecho a
la libre asociación.
La libertad de
expresión es un signo
de desarrollo: En
condiciones naturales
hace posible que
todo tipo de expresiones
circulen libremente
entre sujetos, con diverso
grado de desarrollo
y distintas capacidades
expresivas -todos
tenemos capacidades
diferentes: hay
diferentes modos de expresar
las capacidades,
tanto como las incapacidades-
La libertad de
expresión no significa libertad
de pensamiento:
conocemos ciertos límites
para el ejercicio de
la libertad; a veces, hay
que optar -la
libertad suele conducir a una
opción, hay que
elegir: adoptar la opción más
sustentable es lo
correcto-
Así, entre la
libertad de expresión y la libertad
de pensamiento, y
ante la dificultad de establecer
una relación sin
conflicto entre ambas, aceptamos
que es más útil la
primera: ¿De qué nos serviría
la libertad de un
pensamiento propio que no
podemos expresar con libertad?
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