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sábado, 29 de julio de 2017

Poemas artificiales

(Abel A. Borda)



¿Cómo sé que no soy un robot?
Decía el poema artificial (todo
poema es artificial)

Una novela: “El día en que una computadora
escriba una novela” estuvo a punto de ganar
un prestigioso concurso literario en Japón.
El dato curioso:  era una novela escrita por
una computadora, y no era la única.

Si una computadora puede escribir
novelas, también puede hacer poemas.

Hace años, pude leer algunos experimentos
de cierto interés.
La inteligencia artificial no parece conocer
límites, hay que reconocer.

No hace falta demasiada inteligencia
para hacer poemas. No hace falta ser
inteligente, basta con ser poeta (algunos
lo son, pero eso no los hace hacer mejores
poemas)

Hay que ver lo positivo, dejar de lado el
narcisismo y entender que ésto puede renovar
y revitalizar el ámbito poético, y representar
un aliciente para tanto poeta que no encuentra
su lugar en este mundo.

La sociedad moderna no necesita poetas, sino
emprendedores, desarrolladores, asesores,
gente competente con voluntad de crecer y
generar oportunidades. Todas las necesidades
tienen una resolución tecnológica, y las
tecnologías se desarrollan impulsadas por la
competencia.

La fórmula que rige la condición ontológica
del sujeto posmoderno:  Ser es competir,
se impone en todos los ámbitos, y los poetas
están desde hace tiempo fuera de toda
competencia: había escasa demanda y
demasiados poemas.

Ahora, se presenta la oportunidad de competir
con máquinas, un nuevo desafío que se traslada
al lector: debe descubrir si lo que lee es obra
de un autor humano o no (aunque el lector
también pueda ser un robot)


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