(Abel A. Borda)
¿Cómo sé que no
soy un robot?
Decía el poema
artificial (todo
poema es artificial)
Una novela: “El
día en que una computadora
escriba una novela”
estuvo a punto de ganar
un prestigioso
concurso literario en Japón.
El dato curioso: era una novela escrita por
una computadora, y no era la única.
El dato curioso: era una novela escrita por
una computadora, y no era la única.
Si una computadora
puede escribir
novelas, también
puede hacer poemas.
Hace años, pude
leer algunos experimentos
de cierto interés.
de cierto interés.
La inteligencia
artificial no parece conocer
límites, hay que
reconocer.
No hace falta
demasiada inteligencia
para hacer poemas.
No hace falta ser
inteligente, basta
con ser poeta (algunos
lo son, pero eso no
los hace hacer mejores
poemas)
Hay que ver lo
positivo, dejar de lado el
narcisismo y
entender que ésto puede renovar
y revitalizar el
ámbito poético, y representar
un aliciente para
tanto poeta que no encuentra
su lugar en este
mundo.
La sociedad moderna
no necesita poetas, sino
emprendedores,
desarrolladores, asesores,
gente competente con
voluntad de crecer y
generar
oportunidades. Todas las necesidades
tienen una
resolución tecnológica, y las
tecnologías se
desarrollan impulsadas por la
competencia.
La fórmula que rige
la condición ontológica
del sujeto
posmoderno: Ser es competir,
se impone en todos
los ámbitos, y los poetas
están desde hace
tiempo fuera de toda
competencia: había
escasa demanda y
demasiados poemas.
Ahora, se presenta
la oportunidad de competir
con máquinas, un
nuevo desafío que se traslada
al lector: debe
descubrir si lo que lee es obra
de un autor humano o
no (aunque el lector
también pueda ser un robot)
No hay comentarios:
Publicar un comentario