(Ester Miño)
Argamadas ogras,
sobre la superficie
impaga del deseo
de otros,
aquerenciadas al adverbio irregular,
acoplando aristas
rispidas e hirsutas
en su copla estéril
entre risas y rezos
objetivos
diáfanos cogollos
semipuros
pudiendo contener:
vestigios de vestales,
enveses,
improperios, rumor de alcoba
y exabrupto de
doncella abacanada
Ogras
(semimalogradas) desencajadas
por la hibridación
inopinada que ilustraron
los próceres de
ayer (hoy encumbrados
proxenetas) tanto
como por los salmos
abonados por
terceros sobre la superficie
impaga, en plena
mora, orando sin demora
sobre la baba amada,
derramada por pura
afinidad
involuntaria sobre la falsa risa
orgamada que
desgranan al cantar
Su pura desmesura
ahuyenta al forastero,
al reducidor, al
aspirante, al viandante ocasional
como al transeunte
avezado, al turista arrepentido
como al recolector
autosuficiente, al emprendedor
empedernido y al
soldado desconocido.
Ogras amargamadas a
su estirpe efímera
Ogras como las de
otrora: difíciles de avistar
por hombres y
bestias que cursamos las sinuosidades
de este presente pos
efímero
Ogras que ningún
milagro malogra
(Buscan su orégano
en algún vergel
pero si pasan por un
cuartel, jamás se
enamoran de un
coronel; ni siquiera de un cabo:
prefieren en nabo a
los confites,
el bledo a la
cadencia del paso redoblado)
Ogras que aman el
sexo
pero descreen del
amor: podrían tener
sexo con cualquier
solicitante, pero
carecen de
auspiciantes al no haber podido
desarrollar un
producto atrayente y convocante:
El goce que
prometen, es el que pueden ofrecer
sus bocas pintadas y
desdentadas (el placer
seguro nunca gozó
de popularidad)
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