(Onésimo Evans)
El aburrimiento es un signo vital,
le escribo a un compañero (*)
que se aburre, después de un infarto.
No sé si es ocurrente. Para ser sincero,
antes se me ocurrió: No hay aburrimiento
sincero.
No sé por qué la descarté,
es lo normal, pienso, descartar.
Siempre hay algo que descartar.
Elegir es descartar: una función natural,
como escribir (descarto otras palabras
para escribir éstas)
La vida es un continuo descarte
que sucede, mientras nos vamos
volviendo descartables, podría cerrar:
¿Cómo aburrirse, habiendo tanto por
descartar?
Pero no, no descarto nada
y a riesgo de aburrir a algún lector
ocasional (que descarta al aburrimiento
como motivo o recurso poético)
vuelvo a cero, para ser sincero:
Descartar es un signo vital.
Opción 1: No hubiera sido adecuado
inquietar al compañero operado
poniendo en duda la sinceridad
de su aburrimiento.
Opción 2: La descarté, por no poder
recordar al autor de la frase ¿Lacán?
¿Barthes? ¿Nietzsche? ¿Sócrates?
¿Descartes?
Podría averiguarlo…, sí, pero cuando
esté aburrido.
Ahora descarto todo, compañero!
***
(*) compañero: dícese de aquel que descarta
más o menos lo mismo que uno
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