(Esther Miño)
Hay más de uno de ellos
por cada catorce habitantes.
Se reproducen sin ningún criterio,
como todas las plagas. Crecen más
que nosotros, e invaden todo.
Son animales destructivos, altamente
depredadores y no conocen límites.
Su expansión, que en algún momento
nos benefició, ahora es una amenaza:
Estamos en peligro, dijo el roedor
con voz de mando, capacidad de
decisión y vocación de líder:
Hay que movilizar a toda la población
y desarrollar nuevas estrategias de
supervivencia. El enemigo no descansa,
y en su carrera expansiva e irracional, no
para de desarrollar nuevos venenos, cada
vez más letales, a lo que su inteligencia
-que pretenden superior- da en llamar
desarrollo sustentable
Como si fuera poco, muchos de ellos
crían felinos como mascotas, multiplicando
nuestros factores de riesgo.
Nos odian, nos desprecian, les producimos
asco -sentimiento humano, si los hay-
Nos adjudican el lugar más bajo, vil y
abyecto del Orden Natural, y nos usan en
metáforas para descalificarse entre ellos.
Su ingratitud en tanta, que ni siquiera nos
reconocen como sus ancestros mamíferos.
Se autodefinen omnívoros, lo que los autoriza
y habilita a devorarse el mundo. Luego, y para
sostener semejante despropósito, nos utilizan
como ejemplo… Ellos sólo toman lo que les
conviene, según su escala de utilidades o
valores; se manejan por intereses.
Son una especie codiciosa, colonizadora,
agresiva y oportunista como ninguna otra.
Creen en oportunidades, emprendimientos,
desafíos y otras abstracciones sin ningún
sustento, y apuestan al diseño inteligente:
Están convencidos de haber sido diseñados
para apropiarse de todo.
El sentido de propiedad, devenido sentimiento,
los diferencia y define por sobre todos los otros,
no menos dudosos -además de proporcionarle
el sentido de pertenencia-
¿Omnívoros?
Yo dudaría...
Algunos de ellos comen lo que quieren; son pocos.
La mayoría come lo que puede, como nosotros...
No hay comentarios:
Publicar un comentario