(Tomás Mercante)
El cadáver tenía los días contados.
Su agenda abierta al infinito
mantenía una actividad febril,
como era usual, en un ritmo sin
fisuras.
Un hombre de acción no se detiene
ante la adversidad, no vacila en
enfrentar los contratiempos:
Conoce el valor del tiempo
y lo aprovecha hasta las últimas
consecuencias:
No conoce el reposo, es consecuente.
II
Se sentía bien preparado,
estaba capacitado para todo.
Contaba con recursos y herramientas
para generar sus propias oportunidades
y avanzar.
Si la vida es desafío, la muerte no tendría
por qué ser menos.
No esperó el vencimiento de los plazos,
optó por reinvertir sus activos
para posicionarse, empoderarse aún más
y liderar el segmento.
(La vida está hecha de segmentos)
No esperó la cuenta definitiva,
ni el conteo final: Sus cuentas
florecían, arrojaban un saldo
positivo.
Los números no mienten, los guarismos
estaban de su lado: una economía sana
siempre tiene futuro, verificó.
No hacía falta bajar la persiana
ni cerrar por balance: Los números
cerraban, puro superávit.
III
Acá no se rinde nadie, se dijo
y lo agendó, estimulado por una crisis
que se profundizaba generando nuevas
y mejores oportunidades.
No iba a rendirse así nomás,
un hombre de acción nunca se rinde:
Sabe como hacer rendir su tiempo,
sus valores, activos y pasivos, y
cuando debe intervenir en el mercado
para alterar las condiciones y obtener
mejores tasas de crecimiento.
Un hombre de acción nunca abandona.
Antes muerto.
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