(Amílcar Ámbanos)
El adalid aliado enfrentaba
la ordalía vacilando (casi que como
un cacique que vacila)
Dudaba entre liderar o ser liderado.
El liderazgo era lo suyo, tenía vocación
de mando y le sobraba capacidad de
decisión.
Pero hay veces en que es mejor
ceder protagonismo a algún adláter
y esperar el momento oportuno para la
acción: el factor sorpresa puede ser
determinante en el combate, tanto en
la guerra como en el amor.
El adalid aliado vacilaba, sumido en esas
cavilaciones cuando se vio sorprendido
por la atracción emitida por un cuerpo
alado que merodeaba el aire cargado
de tensiones irreproducibles:
Un hada, más bella que toda criatura
conocida, que alardeaba de sus dones
(una belleza casi agresiva)
volando en torno y jugando con su dildo.
El adalid, un líder positivo, no podía
enajenar su atención de aquella imagen
tan etérea como provocativa.
¿Aliada o enemiga?
Volvía a vacilar...
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