(Aquino Lamas)
El sexo vende:
¿Cómo no va a ser una mercancía?
Fijate en la publicidad, lo usa para
vender cualquier cosa porque saben
que funciona: es negocio.
Cuando no funciona, hay que pensar
en otra cosa, no sé; pero siempre funcionó.
Mirá, hasta los viejos tienen fantasías
sexuales. Las funciones no mueren, aunque
el cuerpo no acompañe el sexo está en la
mente de cualquier cristiano, sin distinción
de género, edad, raza o estudios cursados.
Hay estudios que lo avalan, se piensa en el
sexo hasta el último aliento del cuerpo: Una
forma de resistir o evadir la incorporación de
la muerte.
Claro, el sexo no es todo, pero está siempre
presente en todo ¿Cómo podría no ser una
mercancía?
Procedemos del comercio:
Antes del comercio sexual no había nada que
valiera la pena intercambiar, ni palabras:
Sólo metabolismo, que también es un
comercio: Todo cuerpo animado depende de
otros cuerpos para sobrevivir, subsistir o al
menos existir.
Es la ley de la vida: Un negocio.
No hay nada más que eso, oferta y demanda,
incorporar y emitir, dar y recibir…
Todos somos dadores y receptores, somos parte
del mercado y fuera de eso no hay nada.
¿Cómo no va a ser mercancía?
El intercambio es la función primordial.
Mientras haya más de un cuerpo animado
como el nuestro, habrá oferta y demanda,
y transacción.
No lo digo yo, está reconocido por las ciencias
naturales: la economía, la biología y todas las
disciplinas subalternas.
Somos objeto y producto del comercio,
no podemos prescindir; fuimos diseñados
para eso: La vida, es lo que fluye entre la
oferta y la demanda, la amortización de
costos, la reposición de insumos, la renovación
de activos y la disposición de saldos exportables.
Mirá, sin ir más lejos, ahora me tenés a tu
disposición y no sé por cuánto tiempo. No
estoy en oferta, hay oportunidades que no
se dan todos los días.
¿Sabés las cosas que podríamos hacer?
Sí, ponete cómoda, y no te demores
que el tiempo es oro.
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