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lunes, 1 de enero de 2024

Deportes irracionales: el lucro

 

(Ermindo A.Renomé)

 

Como amante del deporte

y la sana competencia, no puedo

aprobar la privatización de los clubes.


Un club es una sociedad controlada por

los socios, tiene una función social y

ellos eligen a quienes lo administran.


Si tuviera un dueño, su función se vería

afectada y quedaría subordinada a los

intereses comerciales como cualquier

negocio.


Hay suficientes ámbitos para emprender

y desarrollar negocios (incluso dentro de

los clubes), como está a la vista.


Además, hay algo que trasciende toda

cuestión económica y comercial:

El sentimiento popular, con perdón del

adjetivo sospechoso.


¿Se puede negociar el sentimiento?


¿Es equiparable el amor a la divisa

al que podemos profesar a una marca?


¿Es el amor sólo una forma de comercio?


¿Debe el individuo apropiarse libremente

de toda sociedad?


¿Deberíamos entender que cada uno

tiene que percibirse como socio de sí

mismo?


¿Es una buena aspiración para afrontar

el cambio de época?


¿Hay que dejarlo solo al socio, para que

aprenda, se capacite y puede recapacitar

mientras entonamos todos juntos el

Tema de Pototo?


¿Hay vida por fuera de los mercados?


Los amantes de los deportes irracionales

no queremos ni creemos estar solos:


Tenemos nuestros principios y estamos

dispuestos a defenderlos a cualquier precio.


Somos capaces de resistir todos los

argumentos, sean racionales o no.


Hay cosas que no se negocian,

aunque son muy pocas.


(Antes de iniciarse en los negocios,

según registros antropológicos,

el hombre ya conocía el juego)


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