(Ricardo Mansoler)
Escribo para no pensar,
respondió cuando se le
preguntó para qué escribía.
Puede haber otros motivos
más verosímiles, pero hay
preguntas que respondemos
sin pensar:
Pensamos que si lo pensáramos
concluiríamos que es en vano.
Pero en ocasiones, es mejor pensar:
Si la respuesta no satisface, el otro
volverá a insistir.
Si queremos evitarlo, no hay nada
como una respuesta absurda o excesiva,
es decir, fuera del rango de lo previsible.
De tal modo, el interrogador se sentirá
incómodo, se verá sorprendido
y no volverá a preguntar ¿Cómo hace
para escribir sin pensar?
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