(Horacio Ruminal)
La evolución no tiene fin.
Si tuviera uno, no sería el
que conocemos los mortales.
No es, tampoco, un fin
en sí misma, por su condición
dinámica, sospechamos.
Pero más allá de nuestra necesidad
de definiciones, más o menos
definitivas (expresión de nuestro
sesgo evolutivo) la evolución
sigue funcionando sin fin.
No podemos afirmar que sea
indefinida, sólo que no se vislumbra
la presencia de un fin determinado,
ni su necesidad.
Podría interpretarse como un medio
para que nada perdure tal como es, y
y todo esté condenado a renovarse,
justificando la evolución.
Pero este pensamiento es demasiado
humano para ser objetivo: Sólo nosotros
respondemos a la necesidad de justificar
lo que hacemos, para evitar la condena
que merecerían casi todas nuestras acciones.
Además, si la evolución fuera sólo un medio,
tendría un fin como nosotros.
De todos modos, todas las cavilaciones y
especulaciones sobre el sentido de la evolución
no conducen a ninguna parte, a sabiendas de
que es algo ajeno a la voluntad propia, de la que
tampoco sabemos demasiado: Acaso no exista,
más que como recurso evolutivo
No hay comentarios:
Publicar un comentario