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lunes, 2 de febrero de 2026

¿El último discurso propio?

 

 

(Florencio Cusenier)

 

Les habló con el bolsillo

y le contestaron cn el corazón.


Pensó que los tenía en el bolsillo

y se agrandó, se agrandó, así:


con esa grandilocuencia inigualable

propa de los grandes, esos líderes

que interpretan el sentimiento de su

pueblo y las necesidades que los unen.


Cada palabra que encadenaba

en su discurso por cadena oficial,

lo agrnadaba más. Los tenía en el

bolsillo, penó.


No sólo pensó, también sintió:

en ese orden.


Esa grandeza lo elevaba por encima

de cualquier líder popular que se le

pusiera a la par, que no eran muchos.


Sólo los grandes líderes consiguen

esa identificación hecha pasión, esa

respuesta unánime y unimembre:

¿Qué otra cosa es la unidad?


Pensó mientras continuaba agrandándose

como un bolsillo infinito. Pensó y sintió,

en ese orden:


Un verdadero líder no se hace, nace

y luego crece como el sentimiento popular

que sólo un líder como él puede conducir.


Ya no necesitaba elevar el tono de la voz

para seguir creciendo, agrandándose, y

embolsar esa adhesión incondiconal de

su pueblo.


Era el elegido, sólo él, el único capaz de

expresar en su voz, y su sonrisa carismática

la voluntad popular. Pensó y sintió, en ese

orden.


Y se agrandó otro poco, se agrandó tanto

que el bolsllo se hizo corazón y comenzó

a latir como si fuera otro compaero.


Un corazón que no paraba de crecer

y se movía con grandeza, tan grande que

no le cabía al cuerpo, ni a ninguno de sus

bolsillos.


Un corazón, pensó: Esa tripa, pensó:

Esa víscera ridícula que un buen día

explota y chau. Pensó, sintió, en ese

orden.


(Primero hay que pensar, después sentir,

y al fn andar sin argumento)


Los sentimientos populares son inexplicables,

como todos, pensó.

 

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