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martes, 5 de julio de 2016

Persecución ociosa

(Dudamel Rambler)



Existen tan solo los perseguidos
y los perseguidores, los ocupados y los
ociosos: esta frase no me pertenecía,
ahora sí; habiéndola leído pude tomarla,
e incorporarla a mi cuerpo teórico o
retórico.

Apropiarse de frases y pensamientos ajenos
no es una ocupación menos digna que otras.
Apropiarse es una forma de compartir:
Lo que era de otro, ahora es también mío.

Compartimos un mundo signado por la
apropiación, la usura, la especulación, la
usurpación y otras pasiones: Todas remiten
al sentido de propiedad.

Casi todos los pensamientos que hoy
circulan han sido apropiados o derivan, o
son reformulaciones de otros.
Y casi todo lo que se emite, es para que
alguien lo comparta -compartir es una forma
de apropiarse-.

Los sabios emiten ideas nuevas, los necios las
expanden: Había escrito un poeta alemán; eran
otros tiempos, sabía haber sabios… Hoy no hay
ni resabios: la sabiduría es un atavismo, o un
anacronismo, no necesitamos ideas nuevas;
tenemos suficiente con interpretar las que hay.

La necedad se impuso por necesidad; nuestra
naturaleza expansiva privilegió la expansión
sobre la creación.
La propiedad adquiere formas más y más
concentradas: no necesitamos concentrarnos
demasiado para observarlo ni para obedecer
y compartir sus designios.

Es impropio de individuos sensatos, cuestionar
el movimiento expansivo del universo, tanto
como el sentido de propiedad: Sin él, no podría
existir el pensamiento propio, como tampoco los
sentimientos más nobles que distinguen al animal
humano: la compasión y el amor propio.

No sé qué producir, vacilo: hay tantas formas
de producir como productos innecesarios.

No sé qué coleccionar; vacilo: coleccionar es
trabajoso (y el valor de una colección no suele ser
reconocido más que por otros colectores)
Coleccionar es distraerse, e incluso
apasionarse con la distracción.

Pero gracias al desarrollo del pensamiento
complejo y al pensamiento propio, puedo
profundizar y superar el efecto paralizante
de la duda:

Si hubiera algo que valiera la pena producir,
no dudaría.
Si hubiera algo que valiera la pena coleccionar,
no vacilaría.

“Existen tan sólo los perseguidos y los perseguidores,
los ocupados y los ociosos” :

Si hubiera algo que valiera la pena perseguir, yo estaría
ocupado persiguiéndolo (y no podría valorar el ocio,
las ventajas del ocio: el mismo que gozara el poeta
cuando escribiera “yo persigo una forma...”
y el mismo que gozara nuestro autor al momento de
acuñar su frase.

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