(Carlos Inquilino)
Los jóvenes siempre quisieron
cambiar el mundo,
pero nunca lo consiguieron:
la juventud no dura lo suficiente
(y hay necesidades más urgentes,
como crecer e integrarse al mundo
adulto; dejar de ser jóvenes)
Es normal que los jóvenes quieran
cambiar el mundo. No se resignan
a aceptar una realidad que no los
satisface, la resignación no es una
virtud propia de la juventud.
Es normal que los jóvenes
dejen de serlo y envejezcan.
Y natural: todo lo natural
es normal.
Es normal oír la queja de los mayores:
El mundo está hecho para los jóvenes,
la tecnología no contempla las dificultades
que los años incorporan a la vida, y
agregan otras.
Es difícil estar satisfecho con este mundo,
donde aumentan las dificultades
todo el tiempo y donde el mero hecho
de vivir no ofrece ninguna certeza,
salvo el ritmo sostenido del aumento
del costo de la vida.
En un mundo dominado por la insatisfacción
es difícil estar satisfecho, hay que aceptar,
y resignarse a convivir con los insatisfechos,
cuya presencia insoslayable no parece algo
evitable.
La opción más sana y sensata
es aceptar y resignarse, adaptarse
a la insatisfacción reinante
e integrarse:
Sabemos que la capacidad de adaptación
es un recurso evolutivo, y adaptarse
es aceptar, aunque no nos satisfaga
la dirección de la evolución.
No, no estaba satisfecho con el mundo
heredado, cuando joven, y menos aún
con éste.
Pero no me puedo quejar, reconozco.
Que si pudiera...
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