(Pascual Rambler)
Súbitos óbices relucen sucesivos,
en la súmula litúrgica, en la cántiga,
en el cógito del unigénito
y en la mácula del prójimo.
Súbitos éxitos rozagan como púbises
en la égloga analógica, en el ápice
que ofrece su vigencia póstuma
y en el vértigo submúltiplo que roza
tu pseudópodo poético.
Cultivo una rosa extinta,
en medio del camino de la muerte
con vocación de futuro y empatía resiliente.
Cultivo en el desierto,
sobre los restos reciclables
de ciclámenes apócrifos.
No participo de fiestas populares,
de piras bautismales y cantos
ceremoniales, ni de los verbos cómplices
que aportan sus efluvios cloacales.
Abono mi cultivo con residuos patológicos
de última generación: estamos generando.
No estamos solos (si se aisla el virus
del poema, queda el vector acéfalo en
espera de la pregunta incorrecta)
No, no estamos solos: Nos unen aglutinantes,
emulsionantes, excipientes, conservantes
naturales y saborizantes permitidos.
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