(José Luis Greco)
Todos tenemos un gato
en la casa, en la memoria, en el alma
o al menos en el deseo.
¿Quién no deseó la libertad del gato
que entra y sale por cualquier hendija,
se sube a todas partes y se aventura a
recorrer las noches y los techos de
este mundo?
Luego vuelve, se estira y se relaja;
tal vez desaparezca en alguna de sus
camas -tiene muchas- y siga relajándose
hasta el sueño: Nadie sueña tanto como
un gato.
El material de sus sueños es un misterio
para nosotros, que sólo conocemos los
nuestros.
Mi gato me estaba mirando cuando empecé
a escribir, afuera y hace un rato.
Ahora duerme, adentro, en mi cama que es
una de las suyas.
Tal vez esté soñando el sueño de los justos,
o sueñe con aromas y sonidos que sólo ellos
perciben. O sueñe con otro gato, su hermano
de la vida que ya no está con nosotros…
Nunca sabremos lo que sueña nuestro gato,
es posible que sueñe que no es un gato.
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