(Esther Miño)
¡El horizonte está en llamas, Padre!
-No temas, hijo, no es para preocuparse.
El horizonte es incombustible, como nuestro
Creador, y nunca dejará de estar donde lo ves.
Sólo debes temer a Dios.
Pero ahora no se ve, en cambio hay fuego…
-El fuego es creación divina, como todo lo
que nos rodea, y es purificador como el viento.
Luego se aplaca y quedan cenizas: un buen
abono para que todo brote y reverdezca como
la fe.
El viento puede avivar el fuego, expandirlo y
traerlo hacia acá; si nos rodea estamos perdidos…
-No temas, hijo, debe ser una quema de pastizales.
Nuestros hermanos del agronegocio cultivan esta
práctica. Queman malezas y bosques nativos para
extender la superficie de tierras cultivables y
producir valores, necesarios para el desarrollo.
Sólo estaremos perdidos si perdemos la fe.
¿Qué desarrollo, Padre?
-No debemos pecar de impacientes, hijo. El plan
Divino es perfecto y el desarrollo sustentable es
parte de él, todo lleva su tiempo, puede haber
dificultades como esta sequía que precipita el
fuego, pero confiamos en este monocultivo
bendito. Nadie podrá apagar la llama de la fe.
¿Qué fe?
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